El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

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Página Gnostica

Publicado por cosmoxenus en 12 Enero 2009

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El Camino del Caballero y de la Dama de sus Pensamientos

Publicado por cosmoxenus en 26 Diciembre 2008

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Los seres polares

Aquel que alcance la triple victoria sobre la muerte física, astral y mental será recibido en el seno del Amor Absoluto que es sin comienzo y, en consecuencia, sin fin. El Pleroma de la tradición Ortodoxa.

Ese Amor Absoluto es accesible al alma humana incluso aquí abajo. De todas formas, ni el hombre ni la mujer pueden alcanzarlo separadamente. No es accesible más que a una pareja y a condición de una reintegración consciente y total del uno y del otro en un solo Ser por una síntesis del Yo y del Tú reales, poseyendo la fuerza de romper la corteza de sus respectivas Personalidades. Prácticamente eso no puede ocurrir más que cuando las dos Personalidades ya se encuentran avanzadas, ricas de la experiencia que han adquirido separadamente en la vida exterior.

La muerte es una de las manifestaciones del Principio de Equilibrio reaccionando automáticamente a la acción perturbadora del amor carnal en el mundo creado. Este, aunque imperfecto, da nacimiento a la vida. El amor humano es imperfecto porque es instintivo e impulsivo. En tanto que el hombre se deje ir mecánicamente en sus impulsos, su amor no servirá más que a los objetivos cósmicos del conjunto. El retirará de allí, como elemento de equilibrio y como recompensa, el placer que el amor le da; pero, tal cual es, no servirá de nada a su evolución espiritual. Y, sin embargo, el amor es el medio más seguro y más potente para completar esa evolución, Esto es así porque el Amor es el único elemento objetivo de nuestra vida. El permanece verdadero en toda la multiplicidad de sus aspectos y en toda la variedad de sus manifestaciones.

En efecto, el Amor puede servir al hombre en su evolución. Para esto, debe aplicar a ese amor esfuerzos conscientes y no dejarse conducir por impulsos. Así neutralizará en sí mismo la acción perturbadora del Amor, lo que prevendrá – y hará inútil – la intervención del Principio de Equilibrio con su acción mortificante. En este caso el aporte de la potencia que da el Amor no será gastada inmediatamente para servir a los objetivos generales sino que permanecerá en posesión del hombre. Podrá entonces ser utilizada para acelerar el crecimiento de su Personalidad y hacer progresar ésta hacia el segundo Nacimiento, primer resultado tangible de las prácticas esotéricas.

Tal es la teoría del trabajo monástico que se aplica esencialmente al Centro Instintivo del cual se busca dominar los impulsos sexuales por medio de ejercicios. Sin entrar en el examen de las ventajas e inconvenientes de ese método, es necesario decir que en la nueva Era el trabajo esotérico sale de las criptas y de los monasterios. En lo sucesivo, debe proseguir en la vida, en el mismo campo de la sociedad humana. Ciertamente, la tarea es más difícil porque no hay, como en un monasterio, la protección de un lugar para ampararse de la mayor parte de las influencias «A». En desquite, la vida ofrece medios más eficaces y conduce a resultados menos frágiles. La práctica esotérica en la vida permite algo más que un simple dominio del Centro Instintivo para cultivar mejor las manifestaciones de amor por los Centros Emocional e Intelectual, y hacer surgir así el espíritu creador en sus diferentes formas. Esta cultura de un orden superior tendrá por meta centrar los esfuerzos creadores hacia el desarrollo integral de la Personalidad, el segundo Nacimiento, la cristalizació n de un segundo cuerpo y su conjunción con el Yo Real para alcanzar la formación de una Individualidad.

Si este trabajo se hace de a dos, hombre y mujer, puede desarrollarse con una potencia extraordinaria y dar rápidos resultados. A condición que, desde el punto de vista esotérico, estos dos seres sintonicen integralmente. Que sean una pareja perfecta, es decir, que su conjunto refleje – bajo la reserva de las particularidades de sus tipos humanos – la relación entre el Yo y el Tú absolutos anteriores a la Creación del Universo. Este es el caso de los seres que se llaman en la ciencia esotérica: Seres Polares.

El Camino

Para aquel que se compromete en la búsqueda del Camino, esta búsqueda constituye un objetivo permanente. El hombre puede entonces, sin salir de lo relativo, precisar útilmente sus nociones de lo positivo y lo negativo: todo lo que lo guía hacia el objetivo propuesto, lo ayuda a alcanzarlo o contribuye a que lo alcance, es para él un Bien; todo lo que lo desvía, lo retarda, lo detiene, lo arrastra hacia atrás y, en general, le crea obstáculos materiales o psicológicos sobre el camino que lo conduce hacia la meta buscada, es para él un Mal.

A medida que se profundiza en la progresión sobre el Camino esotérico, se intensifican las impresiones interiores, tomando a veces proporciones desmesuradas. Mientras que antes los choques internos eran superados sin gran pena, ahora pueden hacer caer al buscador en verdaderas crisis de conciencia.

A veces, no teniendo la fuerza de carácter necesaria para hacer frente a esta lucha interior entre la afirmación y la negación, lucha que acapara todo su ser y lo sumen en dudas terribles, abandona el Trabajo. En realidad, esta lucha es para él de primera necesidad. Es ella la que provoca una tensión interior que crece hasta parecer físicamente insoportable. Pero es en este momento que las fricciones entre las diversas partes de la Personalidad llegan a ser bastante intensos como para hacer brotar la llama que alumbra el corazón.

El rol de la mujer, si el trabajo es seguido por una pareja – y si la pareja es polar – será tan importante como el del hombre. Inspiradora, ella sostendrá al hombre durante sus crisis de descorazonamiento, inevitables en esta clase de trabajo que – hecho correctamente – sigue siempre la Ley de Siete. Y la mujer aportará también los choques complementarios necesarios en los momentos en que el trabajo sufra detenciones en su progresión, a pesar de los esfuerzos del hombre. Se puede decir que tal colaboración constituye un serio índice positivo de la polaridad de dos seres.

Es necesario agregar que el problema de la polaridad real de las parejas tiene una importancia crucial. Los dos seres – hombre y mujer – supuestamente polares, no podrán tener la certidumbre absoluta de su polaridad más que a posterior¡ cuando hayan alcanzado el nivel del Hombre 4 , en el umbral del nivel 5. Es porque, aunque siendo polares en su esencia, cada uno de ellos arrastra un pasado que recubre su Yo real con una corteza distinta. Los seres a prior¡ polares deben tener en cuenta este hecho. Es sólo en la medida en que ellos se despojan de esa corteza que resplandecerá n progresivamente los trazos de ese Yo, aportándoles en cada descubrimiento el flujo de una felicidad inefable. Su amor conocerá así una amplitud siempre creciente. Y ellos se amarán más cada día, hoy más que ayer y bien menos que mañana. Este es el camino del Triunfo.

En este verdadero Romance, la actitud de la Dama contribuye en mucho, si no enteramente, a la victoria del Caballero. Su refinada intuición artística comprenderá lo que quiere decir amar: amar con todas las fibras de su ser hasta la identificació n integral en un impulso glorioso hacia la misma meta.

Encuentro con el Ser Polar

El hombre solo es incompleto. Pero allí donde él es débil, el ser polar es fuerte. En conjunto forman un ser integral: su unión provoca la fusión de sus Personalidades y una cristalizació n más rápida de su segundo cuerpo, completo y unido en un segundo Nacimiento común.

Las leyes kármicas permiten que los seres polares se encuentren obligatoriamente en la vida, en ciertos casos más de una vez. Sólo los lazos heterogéneos realizados en esta vida por cada uno de ellos como consecuencia de movimientos libres, así como las consecuencias kármicas de una o varias existencias anteriores, hacen que el hombre y la mujer den la espalda al único ser con el cual pueden formar un Microcosmos.

Si no hubiesen taras kármicas, todo ocurriría de maravilla: dos jóvenes seres se encontrarían en un ambiente familiar y social de lo más favorable y su unión representaría un verdadero cuento de hadas. Pero la realidad no es así. Obedeciendo al Principio de Imperfección y enmudecidos por la Ley General, los dos seres predestinados cometen errores. Hundidos en la mentira, generalmente no saben apreciar el don que les es dado, y ni siquiera se reconocen.

Si esto es correcto, se plantea una pregunta angustiosa: ¿existen medios por los cuales detectar nuestro ser polar? Una vez encontrado, no reconocerlo o dejarlo pasar es el peor error que podemos cometer, porque entonces permaneceremos anclados en nuestra vida ficticia sin luz. ¿Acaso no podemos, e incluso no debemos sacrificar todo en favor de una unión que es la única oportunidad de nuestra vida: la promesa de un retorno al paraíso perdido?

Cuidémonos, sin embargo, de la última trampa tendida en el momento en que la felicidad inefable nos parece sonreír. Acabamos de decir: todo debe ser sacrificado; no hemos dicho: todo debe ser destruído. Si después de haberse reconocido, los dos seres polares triunfan de esta última prueba, a menudo la más penosa, la nueva vida se abrirá ante ellos, porque ellos son llamados a no ser más que Uno sobre la tierra y en los cielos.

Veamos cómo no seguir de largo después de haber encontrado nuestro álter ego, prenda de felicidad y salvación. Existe toda una serie de indicios subjetivos y objetivos que facilitan el reconocimiento del ser polar. Porque la polarización se manifiesta en todos los planos a la vez: sexual, psíquico, intelectual, espiritual.

El hombre empieza a sentir el deseo y luego la necesidad de unirse a su ser polar como consecuencia de la formación en él del Centro Magnético, y luego en función de su crecimiento. Para poder reconocer a su ser polar, el hombre debe poner en juego toda la fuerza de atención de que es capaz sobre todos los planos accesibles a su consciencia. El encuentro se produce siempre en circunstancias inesperadas y bajo una forma que no se asemeja en nada a todo lo que se pudiera imaginar.

La regla impuesta es clara: para reconocer a su ser polar, el hombre debe conocerse a sí mismo. Esto es manifiestamente lógico: para reconocer su álter ego, el hombre debe reconocer en consecuencia su propio ego. Es verdad que el Yo del cuerpo y el Yo de la Personalidad aspiran a encontrar en otro ser una respuesta perfecta. Sin embargo, es sólo identificándose con el Yo real que el hombre inmanta la unión con su ser polar.

Es con el corazón lleno de fe, agudizando en él todas sus facultades más finas de atención intuitiva, su sentido de análisis crítico llevado hasta su punto más alto, que el hombre partirá a la búsqueda del ser sin el cual él no es verdaderamente él. Como el trovador de otros tiempos, renovando la práctica del amor cortés es que podrá reencontrar a la Dama de sus Pensamientos.

Pero cuando los seres polares se encuentran, después de algunos signos perceptibles de inmediato, esos humanos todavía imperfectos, deformados por las taras kármicas, ¿pueden adquirir la convicción objetiva de su polaridad?

He aquí algunos criterios indispensables para que un reconocimiento mutuo pueda ser considerado como teniendo un valor objetivo. Desde el primer encuentro en presencia del ser polar, el Yo de la Personalidad y el Yo del cuerpo vibran de una manera que no se asemeja en nada a lo que se haya sentido anteriormente. La razón es que esos Yoes se encuentran en presencia de su primer amor que continúa a través de los siglos. Sin tener consciencia clara de ello, los seres polares se reconocen y ese conocimiento tan antiguo como ellos mismos, se expresa por la voz de su subconsciente. Esto crea desde el instante del reencuentro una atmósfera de confianza y de sinceridad absolutas.

Allí se encuentra una piedra de toque: los seres polares no se mienten. Ellos no tienen necesidad de mentirse porque interiormente no son más que un sólo ser, del trasfondo del cual el Yo real lanza su llamado y da su asentimiento. Esta sinceridad absoluta, espontánea, constituirá de ahí en adelante la base de sus relaciones. Y esto dará a esos dos seres un sentimiento de otra manera inconcebible, de una libertad en la unidad, que pone fin a la impresión de servidumbre en la que vivimos habitualmente. Vagas reminiscencias de experiencias anteriores comienzan rápidamente a aflorar a sus consciencias de vigilia.

El lector comprenderá ahora el sentido más profundo de la prohibición de mentirse a sí mismo: quien se miente, mentirá también a su álter ego. Eso será el fin del milagro. El lado maravilloso del encuentro desaparecerá detrás de un telón trivial de mentiras que rápidamente tomará el aspecto de un muro infranqueable. Más acá de este muro, la relación con el ser polar no se distinguirá en nada de aquellas que un hombre pueda tener con otras mujeres: esposas, amantes y aventuras. Una vez más la experiencia habrá fracasado.

Si están abiertos a la verdad, si su encuentro hace vibrar en ellos en armonía, cuerdas hasta ahora silenciosas, el camino está entonces trazado a los seres polares para recrear con sus esfuerzos conscientes el Microcosmos antes disociado y roto. La Escalera será franqueada como un solo peldaño, y rápidamente se verán colocados delante del segundo Umbral.

Exigencias del Camino

Al comprometerse en el Cuarto Camino, el discípulo tiene como tarea esforzarse en todas las circunstancias de su vida interior por actuar como si su Centro Magnético ya estuviera formado y pasablemente desarrollado.

Al empeñarse en este Camino – obligatoriamente de a dos – el Caballero y la Dama de sus Pensamientos sostienen el esfuerzo por actuar en todas las circunstancias de su vida interior y exterior como si ya estuvieran unidos en su consciencia del Yo real, indivisible aunque bipolar, UNO para sus dos Personalidades y sus dos cuerpos.

Esta tarea es, de distinta forma, más difícil y ardua que la que corresponde al Hombre astuto, porque desde el comienzo exige un gran esfuerzo consciente – en principio permanente – de maestría de los dos participantes. Aquí se exige un rigor sin tropiezos del pensamiento, un tratamiento metódico de las emociones negativas, así como el cultivo de las emociones positivas orientadas – como los esfuerzos mentales – hacia un objetivo esotérico bien determinado, elegido sinceramente e idéntico para los dos. No es sólo que deben satisfacer la exigencia más válida que nunca para cada uno de ellos de no mentirse a sí mismos, sino que tampoco deben mentirse el uno al otro, ni en palabras ni en pensamientos, y esto desde el día de la decisión tomada en común de emprender juntos este Camino.

En compensación, si satisfacen las condiciones generales de conducta y trabajo, así como las indicaciones particulares que les hayan sido dadas, el hecho mismo de marchar juntos esforzándose a cada paso por actuar con el espíritu de un Yo bipolar, facilitará en gran medida su tarea.

La sinceridad absoluta que se les exige debe constituir una base sólida para sus relaciones en todos sus aspectos: en consecuencia, toda falta a esta condición esencial se traducirá inmediatamente en una caída parcial, provisoria, y que incluso podrá transformarse en definitiva en caso de reincidencias. En estos casos los culpables serán arrojados de este lado del primer Umbral. Entonces todo tendrá que volver a empezar.

El primer interrogante a dilucidar es saber si los dos seres polares pueden pertenecer a dos tipos humanos diferentes. Por ejemplo, ¿un hombre intelectual puede tener como ser polar a una mujer de tipo instintivo o emocional? Ello está absolutamente excluido. El Yo real que es UNO para la pareja comporta una bipolaridad ideal. Así mismo, la polaridad de dos Personalidades de seres polares, reflejo desdoblado de la del Yo real, es también ella necesariamente ideal. Es decir, que es total entre los centros psíquicos respectivos. Esto va incluso más lejos: los cuerpos físicos de dos seres polares son también rigurosamente polares.

La segunda cuestión que se plantea al Caballero empeñado en la búsqueda de su Dama elegida es saber cómo podría reconocerla después de haberla encontrado. ¿Cómo no tomar por ella a una persona extraña? ¿Cómo también no pasarla por alto? Para los justos, incluso ni se plantea el problema porque en cualquier circunstancia ellos ven con exactitud. Para los corazones corrompidos – y en distintas proporciones, es el caso general – la cuestión no es tan simple de resolver.

La tara kármica provoca una deformación de la Personalidad, la que, por este hecho, ya no representa un reflejo ideal del Yo real. Esta deformación duplicada por las que producen las taras adquiridas en esta vida – por ejemplo, la deformación profesional de la psiquis – recubren la Personalidad con una especie de corteza. De manera que, a menos de un ya serio entrenamiento a causa del trabajo esotérico, el hombre ve todo a través de esta corteza que deforma la imagen exacta de los seres y las cosas.

Agreguemos que la tara kármica de dos seres polares no es ni puede ser jamás idéntica, En efecto, cada Personalidad en la autonomía de su vida produce un karma particular. De ello resulta, entre otras consecuencias, que dos seres polares pueden no nacer en la misma época, como normalmente debería producirse, sino con una diferencia en el tiempo que en ciertos casos puede ser considerable. Todos estos obstáculos explican por qué es raro que los seres polares se reconozcan espontáneamente en el momento de su encuentro.

Esta confusión en los hechos justifica también la noble tradición medieval según la cual el Caballero y la Dama elegida, antes de unirse para siempre, aceptaban buenamente pasar por pruebas, generalmente duras. Pero antes de hablar de las pruebas – que siempre están en vigor – es necesario que los dos seres enamorados con el Amor vivificante lleguen a una sincera y casi absoluta convicción de su polaridad.

Como hemos dicho, la deformación kármica de la Personalidad se presenta siempre como una corteza en la superficie. Detrás de la corteza, la psiquis queda igual a sí misma: más o menos desarrollada, más o menos equilibrada. El ejercicio de constatación proseguido metódicamente permite al hombre hacer en sí mismo las separación entre los elementos de la corteza adquirida, por consecuencia, de naturaleza heterogénea, y distinguirá entonces con facilidad, al observarse introspectivamente, el tipo humano al que pertenece. Esto es importante. Pero todavía no es suficiente como para que pueda hacerse una imagen precisa de la Dama de sus pensamientos. Para ello le es necesario aún hacer considerables esfuerzos conscientes,

El hombre no puede verse en tanto se identifique con el conjunto: Personal¡dad- corteza. Porque entonces se identifica – en el plano de la consciencia de vigilia, entendámoslo bien – con lo que no es él mismo, hablando con propiedad. Al eliminar la corteza por medio del ejercicio, llega a una identificació n con su Personalidad desnuda, y adquiere así una posibilidad de proceder a una introspección de segundo grado. Esta le permitirá distinguir en sí mismo la imagen de su ser polar ideal que vive en él, y lo acompaña noche y día aquí abajo desde el nacimiento a la muerte. Así como en su ser polar la imagen ideal de él mismo vive toda la duración de su vida y en todas las circunstancias.

El Yo real, en sí bipolar y UNO para la pareja, está, por así decirlo, vuelto en el hombre de cara a su lado femenino, y en la mujer hacia su lado masculino. Es de esta manera que el Caballero lleva en sí la imagen ideal de su Princesa Visión y la Dama lleva consigo la de su Príncipe Encantado. La imagen crece en el hombre con su crecimiento. Pero sólo aparece en función de la evolución de la Personalidad y, en consecuencia, no puede alcanzar toda su amplitud más que en el límite del desarrollo mismo de la Personalidad. ¿Cual es entonces ese considerable esfuerzo consciente que debe desplegar el Caballero en el curso de la introspección del segundo grado para descubrir en sí – maravillado – la imagen ideal de su Princesa Visión?

Por la práctica metódica de constataciones introspectivas, el hombre alcanza a distinguir en él la corteza de su propia Personalidad. En otros términos, con ello vuelve a encontrar el verdadero Yo de su Personalidad. Por supuesto que no es su Yo real, pero ya no es más su falso Yo de la Personalidad tal como se presenta cuando el hombre se identifica con sus pequeños yoes. Cuando esta preponderancia es muy pronunciada, es fácilmente perceptible. Se dice que el hombre es falso, disimulado o deformado. Al liberarse del imperio de la corteza, el hombre vuelve a ser él mismo, por supuesto que en el plano de la consciencia de vigilia, la del Yo de la Personalidad. Se dice entonces de él que es un «espíritu abierto», Aunque todavía no tengan nada de propiamente esotérico, estos últimos casos son demasiado raros en la sociedad contemporánea.

El ejercicio de constataciones por el cual el hombre alcanza este importante logro en el camino del «Conócete a ti mismo», es un acto de concentración pasiva. Sin embargo, para alcanzar la visión en sí mismo de su ser polar, el hombre debe practicar, en esta introspección de segundo grado, una concentración activa.

Desde el día en que el hombre ha captado la existencia de los seres polares, y al captarla su corazón se enciende con el deseo ardiente de encontrar el suyo, debe dedicarse sin tardanza a la tarea. Así el hombre – joven o viejo – de ahí en adelante debe vivir para ello, cultivando dentro de ese objetivo el doble deseo de:

a) merecer la felicidad de reconocer en sí mismo la imagen de su ser polar,

b) merecer la felicidad de reconocerlo desde que se vuelvan a encontrar.

La máxima general que debe aplicarse rigurosamente es que para alcanzar la meta propuesta es necesario pensar en ello sin cesar. Es la concentración activa exigida. Al contrario de lo que podría creerse, este permanente ejercicio no sólo no constituye un impedimento a la actividad exterior, sino que aumenta considerablemente la capacidad de trabajo. No es difícil comprender por qué. Es porque, desde el primer día de práctica de esta concentración activa introspectiva, el hombre se vuelve hacia su Yo real, la fuente de su vida y de sus fuerzas y, paso a paso, día tras día, marcha a su encuentro.

También no se perderá de vista que a causa de las necesidades del Período de Transición, la rápida aproximación de la Era del Espíritu Santo y la encarnación acelerada de las almas ligadas a nuestro planeta, la puerta del que llamaríamos Quinto Camino se encuentra ampliamente abierta. En virtud de lo cual, tanto los Caballeros como sus Damas son beneficiados más particularmente con la gracia divina: unidos para siempre en la Verdad y la Vida, entrarán en el seno del Señor para ser empleados inmediatamente en un trabajo realizado en Su propio Nombre.

Porque en la actualidad, tal como 2.000 años atrás: «la cosecha es grande, pero los obreros pocos».

Boris Mouravieff

Extractado por Farid Azael de
Boris Mouravieff.- Gnosis.- C. S. Ediciones

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La puerta secreta al Eden

Publicado por cosmoxenus en 16 Noviembre 2008

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El oficio de Jesús de Nazaret

Publicado por cosmoxenus en 2 Junio 2008

Jesús Tekton

Post a modo de presentación del blog específico donde se desarrolla el significado que en la vida de Jesús tuvo su probado oficio de “TEKTON”, y el valor que este oficio tenía en la sociedad hebrea de principios de Era y en las otras culturas de la antigüedad. Visitar: Jesús Tekton. El oficio de Jesús de Nazaret

http://jesustekton.blogspot.com/
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oficio.(Del lat. officium). 1.m. Ocupación habitual La palabra “oficio” viene del latín officium y este de opificium compuesta de opus (obra) y facere (hacer).

En la antigüedad la pertenencia a un oficio específico determinaba la posición social de cada individuo. Los gremios que agrupaban a los artesanos en función de sus conocimientos y las “obras hechas” no solo estaban constituidos por hombres iguales, sino que en la mayoría de las ocasiones, por familiares que constituían la agrupación gremial a lo largo de generaciones. Los gremios “formaban un círculo con mentalidad característica; sus ideas sólo eran comprensibles para quien estaba familiarizado con aquella mentalidad”. Y los secretos de cada oficio solo eran transmitidos de maestros a aprendices y de generación en generación.

Escribe Vitruvio en el siglo I a.C.: “Por ello, me siento profundamente agradecido a mis padres ya que, obedeciendo las leyes de los atenienses, pusieron toda su preocupación y cuidado en que yo me instruyera en un arte que no puede cultivarse sí no es gracias a una educación completa y a un total conocimiento de todo tipo de instrucciones. Paulatinamente se fueron acrecentando mis conocimientos de las artes prácticas, gracias al cuidado de mis padres y a las enseñanzas de mis maestros; …. Los mismos arquitectos enseñaban exclusivamente a sus propios hijos o parientes y educaban como hombres de bien” Vitruvio. De Architectura, Libro I

La estirpe de Jesús

En el Judaísmo, el reinado de David representa la formación de un estado judío coherente, con su capital política y religiosa en Jerusalén y la institución de un linaje real que culminará en la era Mesiánica. En el Cristianismo, David tiene importancia como el ancestro del Mesías. Muchas profecías del Antiguo Testamento indicaban que el Mesías descendería de la línea de David; los Evangelios de Mateo y Lucas trazan el linaje de Jesús hasta David para completar este requerimiento.

Tal y como narran los evangelios, a José lo recordamos como descendiente del linaje de David (Mt 1,20 y Mt 13,55), la estirpe humana de la que nació Jesús.

Aunque de José únicamente conocemos algo de su padre, y aún con ciertas dudas, ya que aparece con dos nombres distintos en los evangelios. Según Mateo se llamaba Jacob (Mt 1,16) y según Lucas Helí (Lc 3,23). Algunos exegetas han afirmado que Jacob y Helí eran hermanos y que por la “ley del levirato” uno era el padre biológico y el otro el legal. La “ley del levirato” es descrita en el libro del Deuteronomio (Dt 25,5-6) y consistía en que si dos hermanos vivían juntos y uno de ellos moría sin hijos, su hermano se casaría con la esposa de éste, o sea, con su cuñada.

Jesús, Tekton

Según Mateo y Marcos, San José y su hijo Jesús comparten el mismo oficio, ambos son según las escrituras “tekton”. Palabra griega que significa en particular que tenían el oficio de constructores.

¿No es éste el hijo del tekton? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas (Tomás)? (Mt 13,55)

¿No es éste el tekton, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas (Tomás) y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él. (Mc 6,3)

En el mismo evangelio apócrifo “Historia de José el carpintero” se nos dice que José, ejercería el oficio de carpintero en compañía de sus dos hijos, ya que vivía del trabajo de sus manos. Los evangelios describen a José y a Jesús como un tekton, lo que podríamos traducir como un constructor, un artesano con conocimientos de carpintero, herrero, albañil, cantero. Fue San Justino, en el siglo II d.C, quién estableció como canónico traducir tekton como carpintero, y desde entonces se asumió como la única verdad esta traducción reduccionista.

José y sus hijos

Jesús y Judas (Tomás) tenían un oficio calificado por sus convecinos como de tekton, lo que hoy conocemos como “obreros de la construcción”: artesanos habituados al uso del martillo, el compás, la plomada y el nivel, herramientas propias de su oficio. Ellos tres para poder ejercer su oficio debían de pertenecer al gremio de los constructores de Nazaret. Seguramente fueron requeridos para participar en las grandes obras que en aquel momento patrocinó el rey Herodes-Antipas en Israel, a saber, la construcción de la ciudad de Cesárea fundada por Herodes “el grande” antes del nacimiento de Jesús y en honor del emperador Augusto y proyectada según Marco Agripa, la construcción de la ciudad de Séforis próxima a Nazaret, y la reconstrucción del segundo Templo de Jerusalén. En estas importantes obras participaron miles de constructores dirigidos por los maestros de obras y arquitectos de Israel.

Jesús, Maestro.

En la antigüedad quién alcanzaba el mayor grado entre los iguales de su oficio recibía el nombre de maestro, del latín magíster, derivado de magis (más), en los oficios artesanos el maestro representa el nivel más alto en su respectivo estamento. Maestro era el más alto grado a que podía aspirar un plebeyo en su oficio y se usaba como tratamiento. Su misión no solo era adiestrar a sus discípulos en unas habilidades muy concretas de su oficio, sino también el dirigir la organización de las obras, a las propias agrupaciones o gremios y de su relación con el resto de la sociedad y otros gremios.

Arkhitekton: Arquitecto. Palabra compuesta por Arkhi: el primero, maestro y Tekton: constructor. Los griegos recogían con este término la tradición de los directores de las obras, principalmente de carácter religioso, que provenían de las culturas fenicias, egipcias y sumerias. Este término fue el origen del término architectus latino y del actual arquitecto.

El oficio de arquitecto era enseñado de padres a hijos, igual que el de cualquier obrero de la construcción, José el padre de Jesús fue tekton y Judas Tomás, conocido como el hermano de Jesús, es presentado en los evangelios como arquitecto, y aún hoy la iglesia católica le presenta con ese oficio, por lo que podemos asegurar con altísima probabilidad que Jesús conocía el oficio de su padre y su hermano y por lo tanto él también pudo alcanzar el grado de maestro, un maestro constructor, un arquitecto.

Jesús es llamado “maestro”, al menos 45 veces en los evangelios. Se da a Jesús el nombre de “maestro”, ese es el título con que se dirigen a él personas que le preguntan algo: “Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para alcanzar la vida eterna?” (Lc 18,18; Mt 19,16;Mc10,17). Jesús, de oficio tekton, es nombrado como maestro por sus seguidores, Jesús alcanza el grado de arkhitekton, el mismo oficio que la iglesia reconoce al apóstol Judas Tomas, maestro constructor. Existen en los evangelios datos suficientes como para reconocer a Jesús en el oficio de arkhitekton, maestro constructor, muchas de sus parábolas están basadas en el oficio que desde niño le fue enseñado por su padre y sus maestros.

Lc 6, 47-49 46

“¿Por qué me llamáis: “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo? 47 “Todo el que venga a mí y oiga mis palabras y las ponga en práctica, os voy a mostrar a quién es semejante: 48 Es semejante a un hombre que, al edificar una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre roca. Al sobrevenir una inundación, rompió el torrente contra aquella casa, pero no pudo destruirla por estar bien edificada. 49 Pero el que haya oído y no haya puesto en práctica, es semejante a un hombre que edificó una casa sobre tierra, sin cimientos, contra la que rompió el torrente y al instante se desplomó y fue grande la ruina de aquella casa.”

Mt 7, 24-27 7:24

Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. 7:25 Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. 7:26 Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; 7:27 y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina. 7:28 Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; 7:29 porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas

Lc 14, 28-29 14:28

Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? 14:29 No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, 14:30 diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar.

Jesús conocía los procedimientos de un arquitecto para calcular la correcta cimentación de un edificio, o el presupuesto de una obra y la vergüenza que significa en el oficio no hacerlo de manera correcta.

El propio Vitruvio comenta en su tratado de los X libros de architectura, y solo veinticinco años antes del nacimiento de Jesús, episodios muy similares: Si es posible encontrar un terreno solido, la cimentacion de estos edificios se excavara sobre terreno firme en una extension que se ajuste proporcionalmente a las exigencias del volumen de la construccion; se levantara la obra lo mas solida posible, ocupando la totalidad del suelo firme. Vitruvio. De Architectura, Libro III En la célebre e importante ciudad griega de Éfeso sigue vigente una antigua ley expresada en términos duros pero con un contenido justo. Se dice que fue sancionada por sus antepasados en estos términos: cuando un arquitecto acepta la responsabilidad de una obra de carácter público, presenta el presupuesto de los costes estimados hasta finalizar la obra; una vez entregados sus cálculos, todos sus bienes son transferidos al magistrado, hasta que la obra quede totalmente concluida. Si, terminada la obra, los gastos coinciden con lo presupuestado, el arquitecto es recompensado con honores y decretos elogiosos. Si los gastos han sobrepasado una cuarta parte del presupuesto inicial, se cubría con dinero público y el arquitecto no debía satisfacer ninguna multa. Pero si se sobrepasaba la cuarta parte, el arquitecto debía hacer frente a estos gastos con sus propios bienes, para concluir la obra. Vitruvio, De Architectura, Libro VII

Jesús pertenecía al gremio de los constructores, sus palabras le delatan como un maestro conocedor de la técnica que se precisa para edificar. En concreto muchas de sus parábolas son coincidentes con los textos escritos por Marco Vitruvio en su tratado de Arquitectura, existiendo un claro paralelismo en el sentido de sus enseñanzas.

Carlos Sánchez-Montaña

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Caballo de Troya: Padre Nuestro

Publicado por cosmoxenus en 18 Mayo 2008

Padre Nuestro, que nos has creado, arrancándonos como un destello eterno de tu corazón de oro…Que estás en los cielos… Que estás en los cielos limitados de cada dolor y de cada enfermedad… Que estás en la sangre que se derrama… Que estás en el cielo sin distancias del amor…Santificado sea tu nombre… Santificado y repetido con orgullo, con la satisfacción del hijo del Todopoderoso… Venga a nosotros tu reino… llegue a los hombres la sombra de tu sabiduría… Venga a nosotros la brisa que impulsa la vela… Venga pronto la señal de tu hijo, tu adorado hijo, vengan a nosotros las otras verdades de tu reino… Hágase tu voluntad en la tierra y en los cielos… Y que el hombre sepa comprenderlo… Que los espíritus conozcan que nada muere o cambia sin tu conocimiento… que no perdamos el sentido de tu última palabra <> Hágase tu voluntad, aunque no la entendamos… El pan nuestro de cada día, dánosle hoy… Danos el pan de la paciencia y del reposo… danos el pan de la alegría de los pequeños momentos… Danos el pan de las promesas…Danos el pan del valor y de la justicia… Y el fuego y la sal de la compañía… y también el llanto que limpia… Danos Padre,el rostro sin rostro de tu imagen…Y perdona nuestras deudas… Disculpa nuestros errores como el padre disculpa las torpezas de su hijo… Perdona las tinieblas de nuestro egoísmo… Perdona, las heridas abiertas… Perdona los silencios y el trueno de las calumnias… Perdona a este mundo que a fuerza de soledad, se está quedando solo… Perdona nuestro pasado y nuestro futuro… Y no nos dejes caer en la tentación…Libranos de la ceguera de corazón… No nos dejes caer en la tentación de la riqueza, ni en la miseria y la estrechez de espíritu… Líbranos, Padre, de toda certidumbre y seguridad materiales… Líbranos…

Tomado del Libro: Caballo de Troya 4

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