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Leyendas de Egipto
Publicado por cosmoxenus en 26 Diciembre 2008
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HERMES TRISMEGISTO “MAESTRO DE LA SABIDURIA”
Publicado por cosmoxenus en 30 Noviembre 2008

De los libros de Hermes, el "Tres veces Grande", procedentes del país del Nilo, han quedado muy pocos datos y escasos originales dignos de auténtica fe.
Según antiguas crónicas, en la famosa Biblioteca de Alejandría, durante el reinado de la última dinastía de los Tolomeos, se guardaban de Hermes, el más sabio maestro de la antigüedad, 42 libros esotéricos que resumían toda la sabiduría de las edades.

Mas, después de la inmensa catástrofe que significó el gran incendio que asoló dicha Biblioteca a raíz del desembarco de la armada romana de Julio César en el puerto de Alejandría, no se pudo recuperar sino algunos fragmentos que se suponen son derivados de fieles traducciones griegas efectuadas por escribas y eruditos por encargo de los faraones Tolomeos.

Ellos son "El Pymander", "El Kybalión", ciertos libros de poemas sueltos y "El Libro a la Salida de la Luz del Día", más conocido como "Libro de los Muertos", por haberse encontrado ejemplares de él dentro del sarcófago de las momias de algunos destacados egipcios. Algunos fragmentos sueltos proceden de citas de las que fueron depositarias diversas escuelas de la época: gnósticas, teosóficas, platónicas, herméticas o eclécticas, acogidas en Alejandría y más tarde agrupadas e interpretadas bajo el título genérico de "Libros de Toth-Hermes”.
Tales libros de Toth circularon profusamente durante el período de dominación romana por los tres continentes de África, Europa y Asia cercana bajo el lema de "Corpus-Herméticum" en traducción latina la que, unida a la griega, a otras de procedencia árabe y a las egipcias en lengua popular, han llegado hasta nuestros días.
La línea esencial de toda la ideología hermética es la afirmación básica de un solo inmenso dios y de una sola religión raíz, científica y filosófica, a la que servían sabios moral y espiritualmente excelsos, ya que no podía encarnar tan elevada doctrina en quien no estuviera dotado de verdadera experiencia espiritual. Así lo justifican los sabios herméticos.
De ello se infiere que las verdades herméticas no podían transferirse integralmente más que a través de un auténtico y probado merecimiento.
La senda más perentoria de tal logro era el conocimiento, pero no a través de estudios mentalizados, sino de la llamada mente iluminada o superior, lo que podríamos llamar intuición adherida al super-razonamiento, traducida por NOUS por griegos y exégetas hermenéuticos.
La opinión de los antiguos respecto a las enseñanzas de Hermes se objetiva en esta imagen: es una puerta abierta a una dilatadísima perspectiva de praderas verdes, inmensas, llenas de sol y de flores preciosas y multicolores.
Esa maravillosa "puerta abierta" a lo desconocido, y cuyo alto mirador franqueaban los escritos de Hermes, constituía el gran aliento vital, el aliento del espíritu de toda agrupación humana selectiva, cuya finalidad era la investigación de la verdad en el hombre y en el cosmos. Y su divisa común, la famosa frase de la llamada Tabla Esmeraldina del propio Hermes: "Como abajo, así es arriba; como arriba, así es abajo."
De ese modo, el fundador de la religión-filosofía, poniendo en juego el estudio y la experiencia profunda y directa a través de la supermente y del espíritu, alimentó, desde aquella remota época, todo empeño del hombre en atisbar las esencias reales de la vida divina, así en el interior del propio individuo como en el Universo, en todas sus trascendencias y sus misterios. Hijos de la sabiduría hermética fueron, pues, los mensajes espirituales de Persia, Siria, Judea, Anatolia, Grecia, y otros nacidos y derivados de esa semilla espiritual depositada en las fecundas aguas del Nilo. Todas las civilizaciones antiguas tienen, por lo tanto, la misma fuente.
Porque desde Egipto Hermes pasó a Grecia, apoyado en su trascendente mitosofía y aportando a ella todo su bagaje de sabiduría. Por el delta del Nilo se derramó el mensaje profundo y legendario del "Tres Veces Grande", desde Alejandría a todo el Mediterráneo.

Entre las obras herméticas perdidas debido a catástrofes, guerras, ignorancias, fanatismos y la falta de comprensión posterior, parece que se hallaba una obra llamada "Libro de los Alientos o de las Respiraciones”, cuya ciencia enseñó el gran Hermes, y cuyas lecciones se recogieron en la India y fueron divulgadas a través del Hatha Yoga, y, en su más trascendente efectividad, a través del Raja Yoga o Yoga Real. De todos modos, también en occidente existen testigos fidedignos de estas específicas enseñanzas del maestro egipcio y de su importantísimo libro.Mead, el gran escritor hermetista del siglo antepasado, realizó un exhaustivo estudio de las obras herméticas. Nos dice a propósito de ellas que llegó a la conclusión que tales obras se originan en otro Hermes predecesor del "Tres Veces Grande", un Hermes antiquísimo, anterior al diluvio, o sea, anterior al hundimiento de la Atlántida. Esto confirmaría nuestro aserto de que la sabiduría, la ciencia, las artes todas del primitivo Egipto, tan extraordinariamente avanzadas, les fueron legadas por los atlantes antes del hundimiento. Los datos más precisos se encuentran grabados en un pilón de piedra de una de las más antiguas construcciones de Egipto. Y a través de los milenios sucesivos, sobre todo durante el período alejandrino, otros sabios atestiguaron diversos sucesivos Hermes, avatares cíclicos que renovaban el mensaje de las edades mediante la adaptación cíclica de la misma eterna sabiduría. Es por esto que las enseñanzas herméticas constituyen una síntesis de verdades perennes.
Los sabios que han dado fe de las originarias enseñanzas de Hermes y de los mencionados principios, fueron Manethon, Cicerón, Ammiano, Josefo, Heródoto, en cierto modo Plinio, así como muchos otros.
Al sucederse las épocas y las dinastía en las orillas del Nilo, se fueron encontrando fragmentos de los Libros de Toth en inscripciones de origen antiquísimo, sobre todo en el interior de las criptas secretas de los grandes templos, especialmente en las cercanas al Delta, donde florecieron los primeros núcleos de civilización egipcia, no lejos de la Esfinge y de las Pirámides.En el cercano oriente se conocieron durante muchos siglos dichas verdades compiladas en una obra que llevaba por título "La Profecía de Hermes".
Las enseñanzas herméticas lograron un inmenso auge con la extensión del platonismo en el mundo culto, durante el esplendor de la civilización griega que nació entreverada con la egipcia. También parece que las enseñanzas herméticas constituyeron el trasfondo del ideario de la escuela estoica; lo que da a entender su fuerza y su importancia y la cosecha de su poderosa siembra eficaz en el mundo antiguo, así como su trascendental raigambre proseguida y reconocida en el campo de las ideas madres y de la conducta del hombre superior.

Como hemos insinuado al comienzo, fueron los griegos ilustres los que tradujeron pulcra y fielmente las enseñanzas herméticas, haciendo que sobrevivieran y se difundieran en el mundo antiguo después de la gran catástrofe del incendio de la Biblioteca y la desaparición de la Escuela de Alejandría. Estas traducciones fueron citadas posteriormente y vertidas al sirio, al árabe, a diversas lenguas asiáticas, hasta llegar a nuestros días y a nuestra época, la que está en trance de renacer espiritualmente al iniciarse un nuevo ciclo zodiacal de civilización a nivel mundial: la Era de Acuario. Porque debido a la acción de esta ley cíclica y a sus ondas de avance y aparente retroceso, se indagan los orígenes de estas inmensas raíces espirituales que alimentaron edades y que constituyeron la divina herencia del mundo de todos los tiempos.
Parece ser que la postrera dinastía egipcia de faraones, la de los Tolomeos, fomentó excepcionalmente el estudio y la fiel versión a varios antiguos idiomas de las obras herméticas. En las aulas de Alejandría, en su biblioteca y museo, sostenidos por los faraones, había centenares de escribas consagrados a la copia manual de tales primitivos códices allí depositados, archivados como joyas auténticas del saber en los anaqueles del más destacado centro cultural del mundo antiguo.

Consta en las antiguas crónicas dispersas que los Libros de Hermes, fragmentariamente salvados, constituyeron después el alimento espiritual de filósofos, profetas, pedagogos, científicos, investigadores, poetas y místicos de todos los países en todas las lenguas cultas conocidas. El ansia de investigación y estudio alentaba en todos los ansiosos de la verdad que se afanaban en allegar conocimientos en aquellas limpias fuentes del saber, sin discriminación de escuela, tendencia, religión, psicología, formación o raza. Debido a ese elemento ecléctico imperante en la mejor época alejandrina, podemos todavía hoy aprovechar la ofrenda milenaria de aquellas enseñanzas puras.
Con respecto a los Libros herméticos, cita Duncan Grenlees un pasaje de Efraín Syrius, en el que se dice que en el año 365 d,c. existían varios libros de Hermes en Siria, sin duda traducidos del griego o del latín.
Otros afirman que los primeros musulmanes protegían la secta de los herméticos, y que en ellos se inspiraban sus libros. Lo cierto es que hasta el siglo VIII, podían encontrarse en Siria varios fragmentos.
El escritor hermético Scott, afirma que en el siglo XI una copia de tales libros pasó a Constantinopla, entonces la capital del cristianismo. Esta copia, al parecer, llegó mas tarde a Florencia, centro del renacimiento de todas las culturas clásicas, especialmente impulsado por la hegemonía de los Medici y de su Escuela Neoplatónica, la que atrajo a los mejores talentos asiáticos cuando los turcos invadieron Constantinopla.
Volviendo al período alejandrino, Jámblico, el gran maestro sirio radicado en Egipto, afirma que el pensamiento hermético impregnó en aquella época a la filosofía platónica.

Posteriormente, autores ignorados difundieron los libros de Hermes en forma fragmentada y tal vez mistificada, como diálogos breves entre Hermes y su hijo o discípulo Tat. Dos de tales fragmentos dialogados eran conocidos como enseñanzas de Isis a su hijo Horus. Según los críticos antiguos, tales diálogos eran los mejores porque constituían una traducción fiel del antiguo original egipcio, lo que es dudoso. Sin embargo, en tales diálogos no se advierte el influjo gnóstico o hebreo, ni tampoco las tendencias de otras escuelas de la época alejandrina. De acuerdo con este aserto, parece que las obras de Plutarco sobre Isis y Osiris, y los mismos escritos de Manethon, el favorito del segundo Tolomeo, se inspiran en los textos herméticos directos que alimentaron, a su vez, las copias sucesivas.
De todos estos libros herméticos, vulnerado en parte su sentido original a través del tiempo y las excluyentes tendencias ideológicas, el conocido como "Asclepio" es de la máxima importancia para los estudiantes de hermetismo, a pesar de las naturales corrupciones. Parece que su mejor parte ha sido compilada bajo el título de "Pymander" y que ha conservado bastante bien su aliento original merced a haber sido cuidadosamente traducido al demótico o lengua jeroglífica popular en las postrimerías de la gran civilización egipcia.
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El Libro de los Muertos
Publicado por cosmoxenus en 9 Noviembre 2008
Artículo Original aqui:
http://www.arqueoegipto.net/articulos/egipto_tematico/libro_de_los_muertos.htm
El llamado “Libro de los Muertos”, (conocido por los egipcios como “Fórmulas para Salir al Día”), es una heterogénea colección de invocaciones, plegarias, prácticas mágicas, ceremonias purificadoras, y especulaciones teológicas de todo tipo, cuya funcionalidad estaba por un lado en ayudar al difunto en su tránsito de la vida a la muerte, (lo que implicaba una correcta toma de posesión de su nuevo estado, para lo cual debía neutralizar multitud de peligros o asechanzas malignas, paliar las necesidades que pudieran surgirle en el camino, y lograr los poderes necesarios para efectuar con plena garantía de éxito todo lo anterior), y por otro dotar al espíritu de la posibilidad, (como reza su título original), de“salir durante el día” de la tumba para seguir disfrutando en la medida de lo posible de los bienes ofrecidos por el mundo exterior.
Las fórmulas que lo componen, (en muchos casos independientes entre sí y sin que tengan establecidas un especial ordenamiento lógico), no son producto de un momento dado o de un personaje concreto, (aunque se suele atribuir su autoría al dios Thot), sino que fueron recopiladas por los sacerdotes en épocas muy diversas, teniendo al parecer como origen los mismos hechizos que en tiempos pretéritos habrían sido usados durante el presumible proceso de momificación del propio Osiris. No obstante, durante la dinastía XXVI se las dotó de una importante estructura general, lo que llevó a partir de ese momento a que tanto la forma como el contenido se mantuvieran en gran medida invariables.
Transmitidos originariamente de manera exclusivamente verbal por los sacerdotes, no se empezó a reflejarlos por escrito hasta la mitad del Reino Antiguo, cuando comenzaron a grabarse de manera permanente sobre las paredes interiores de las pirámides de diversos regentes de las dinastías V y VI, como Unas, Teti, Pepy I, Merenra y Pepy II, si bien se han encontrado asimismo textos complementarios y adicionales a ellos en los enterramientos de las reinas Apuit, Neit y Udyebten. Por tal motivo, fueron conocidos inicialmente como “Textos de las Pirámides”.
A partir de la VII dinastía (y hasta el Reino Medio) se produjeron dos importantes innovaciones: la primera, que su escritura cambió de soporte, grabándose desde entonces sobre los ataúdes o sarcófagos donde reposaban los cuerpos momificados; y la segunda, que su uso, además de emplearlos para los reyes y reinas, se hizo extensivo también a los nobles y funcionarios de alto rango, al tiempo que los contenidos sufrían determinadas modificaciones y alteraciones respecto a los originales. Fueron llamados entonces “Textos de los Sarcófagos”.
Finalmente, (y con el fin de extender su empleo al máximo), terminaron por ser copiados sobre papiros o lienzos de lino, los cuales una vez enrollados eran depositados lo más cerca posible de los cadáveres, (generalmente entre las piernas del propio difunto). Estos últimos habrían de ser los que en la actualidad conocemos como “Libro de los Muertos”, nombre que para algunos no es otra cosa que la traducción de las palabras árabes “Kitâb al-Mayyitûn”, (que era como los nativos egipcios denominaban a los rollos encontrados por los saqueadores en las tumbas), y por otros como sería bautizado por el eminente egiptólogo alemán Richard Lepsius en 1.842.
Sobre los capítulos en sí, al margen de su diversidad destacar que todos guardan sin embargo una estructura fija y general que les es propia, estructura que está compuesta por un título, (que presuntamente describe los efectos que se van a obtener tras pronunciar la fórmula que le sigue), el texto propiamente dicho, (que como característica curiosa no siempre mantiene una relación directa con lo anticipado por el título), así como ocasionalmente un añadido o rúbrica, (en el que se suelen dar ciertas indicaciones de tipo técnico, que a veces son necesarias para el correcto uso de la fórmula en cuestión). En cuanto al tipo de notación empleado en la confección de los textos, si bien en un principio se usó de forma exclusiva la escritura jeroglífica, posteriormente esta fue alternándose también con el empleo de otra más sencilla y fácil de plasmar: la hierática.
Como característica destacable anotar que de los aproximadamente 190 capítulos que componen la totalidad de la obra, no todos fueron invariablemente transcritos sobre los citados papiros, sino que dependiendo de la importancia del personaje al que estuviera destinado (y por ende de las posibilidades económicas de este), se les daba una mayor o menor extensión. De hecho, todos los ejemplares encontrados hasta hoy muestran diferente número, naturaleza y ordenación de los capítulos, por lo que cabe pensar que quizás cada persona escogía en cierto modo el contenido que deseaba integrar en la obra con la que quería ser enterrado.
Respecto a los ejemplares actualmente conocidos, anotar que son muy variados, ya que tienen longitudes que van desde los 25 cms. de texto puro y simple en el mas escueto de los casos, hasta los 58 mts. y toda clase de ilustraciones multicolores en el más completo. Entre los más famosos cabe citar por su extensión el Papiro de Ani, (de 24 mts, propiedad del Museo Británico), y el Papiro de Yeufanj, (de algo más de 19 mts, ubicado en el Museo de Turín), y en cuanto a su antigüedad destacan el Papiro de Yeuya, (localizable en el Museo de El Cairo), el Papiro Ja, (también del Museo de Turín), y el Papiro Nu, (igualmente del Museo Británico).
BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA
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ALEGRE, SUSANA. “El Libro de los Muertos. Camino mágico hacia la eternidad”. La Momia de Oro. El retorno a la vida. Fundació Arqueològica Clos. Museu Egipci de Barcelona. Barcelona. 2003.
-
BARGUET, PAUL. El Libro de los Muertos de los Antiguos Egipcios. Editorial Desclée de Brouwer S. A. Bilbao. 2000.
-
BUDGE, E. A. WALLIS. El Libro Egipcio de los Muertos. El Papiro de Ani. Editorial Sirio, S. A. Málaga. 2007.
-
CHAMPDOR, ALBERT. El Libro Egipcio de los Muertos. Papiros Ani, de Hunnefer y de Anhai, del British Museum. Ediciones Distribuciones La Tabla Esmeralda. 1982.
-
LARA PEINADO, FEDERICO. Libro de los Muertos. Editorial Tecnos. Madrid. 1993.
-
LENZO, GIUSEPPINA. “Quelques manuscrits hiératiques du Livre des Morts de la Troisième Période intermédiaire du musée égyptien de Turin“. BIFAO 102. Institut Français d’Archeologie Orientale. 2002.
-
RACHEWILTZ, BORIS DE. El Libro de los muertos de los antiguos egipcios. (Papiro de Turín). Ediciones Destino. Barcelona. 1989.
Manuel Crenes
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El Kibalión
Publicado por cosmoxenus en 2 Noviembre 2008
"Los labios de la sabiduría permanecen cerrados, excepto para el oído capaz de comprender".
Desde el antiguo Egipto han venido las enseñanzas fundamentales y secretas que tan fuertemente han influido en los sistemas filosóficos de todas las razas y de todos los pueblos, durante centurias enteras. El Egipto, la patria de las pirámides y de la Esfinge , fue la cuna de la Sabiduría Secreta y de las doctrinas místicas. Todas las naciones han sacado las suyas de sus doctrinas eso téricas. La India , Persia, Caldea, Media, China, Japón, Asiria, la antigua Grecia y Roma, y otros no menos importantes países, se aprovecharon libremente de las doctrinas formuladas por los hierofantes y Maestros de la tierra de Isis, conocimientos que sólo eran transmitidos a los que estaban preparados para participar de lo oculto.
Fue también en el antiguo Egipto donde vivieron los tan grandes adeptos y Maestros, que nadie después ha sobrepasado, y que rara vez han sido igualados en las centurias que han transcurrido desde los tiempos del Gran Hermes. El Egipto fue la residencia de la Gran Logia de las fraternidades místicas. Por las puertas de su templo entraron todos los neófitos que, convertidos más tarde en Adeptos, Hierofantes y Maestros, se repartieron por todas partes, llevando consigo el precioso conocimiento que poseían y deseando hacer partícipe de él a todo aquel que estuviera preparado para recibirlo. Ningún estudiante de ocultismo puede dejar de reconocer la gran deuda que tiene contraída con aquellos venerables Maestros de Egipto.
Pero entre esos grandes adeptos existió uno al que los demás proclamaron "el Maestro de los Maestros". Este hombre, si es que puede llamarse "hombre" a un ser semejante, vivió en Egipto en la más remota antigüedad y fue conocido bajo el nombre de Hermes Trismegisto.
Fue el padre de la sabiduría, el fundador de la astrología, el descubridor de la alquimia. Los detalles de su vida se han perdido para la historia, debido al inmenso espacio de tiempo transcurrido desde entonces. La fecha de su nacimiento en Egipto, en su última encarnación en este planeta, no se conoce ahora, pero se ha dicho que fue contemporáneo de las más antiguas dinastías de Egipto, mucho antes de Moisés. Las autoridades en la materia lo creen contemporáneo de Abraham, y en algunas de las tradiciones judías se llega a afirmar que Abraham ob tuvo muchos de los conocimientos que poseía del mismo Hermes.
Después de haber transcurrido muchos años desde su muerte (la tradición afirma que vivió trescientos años), los egipcios lo deificaron e hicieron de él uno de sus dioses, bajo el nombre de Tot. Años después los griegos hicieron también de él otro de sus dioses y lo llamaron Hermes, el " dios de la sabiduría". Tanto los griegos, los egipcios reverenciaron su memoria durante centurias enteras, denominándole el "inspirado de los dioses", y añadiéndole su antiguo nombre "Trismegisto. ", que significa "tres veces grande". Todos estos antiguos países lo adoraron, y su nombre era sinónimo de "fuente de sabiduría". Aun en nuestros días usamos el término "hermético" en el sentido de "secreto", "reservado", etc., y esto es debido a que los hermetistas habían siempre observado rigurosamente el secreto de sus enseñanzas. Si bien entonces nos se conocía aquello de "no echar perlas a los cerdos", ellos siguieron su norma de conducta especial que les indicaba "dar leche a los niños y carne a los hombres", cuyas máximas son familiares a todos los lectores de las escrituras bíblicas, máximas que, por otra parte, habían sido ya usadas muchos siglos antes de la Era Cristiana.
Y esta política de diseminar cuidadosamente la verdad ha caracterizado siempre a los hermetistas, aun en nues tros días. Las enseñanzas herméticas se encuentran en todos los países y en todas las religiones, pero nunca iden tificadas con un país en particular ni con secta religiosa alguna.
Esto es debido a la prédica que los antiguos instructores hicieron para evitar que la Doctrina Secreta se cristalizara en un credo. La sabiduría de esta medida salta a la vista de todos los estudiantes de historia. El antiguo ocultismo de la India y de Persia degeneró y perdieron sus conocimientos, debido a que los instructo res se habían convertido en sacerdotes y mezclaron la teología con la filosofía, siendo su inmediata consecuen cia que perdieron toda su sabiduría, la que acabó por transformarse en una cantidad inmensa de supersticiones religiosas, cultos, credos y dioses. Lo mismo pasó con las enseñanzas herméticas de los gnósticos cristianos, enseñanzas que se perdieron por el tiempo de Constantino, quien mancilló la filosofía mezclándola con la teología y la iglesia cristiana perdió entonces su verdadera esencia y espíritu, viéndose obligada a andar a ciegas durante varios siglos, sin que hasta ahora haya encontrado su camino, observándose actualmente que la iglesia cris tiana está luchando nuevamente por aproximarse a sus antiguas enseñanzas místicas.
Pero siempre han existido unas cuantas almas que han conservado viva la llama, alimentándola cuidadosamente y no permitiendo que se extinguiera su luz. Y gracias a esos firmes corazones y a esas mentes de extraordinario desarrollo tenemos aún la verdad con nosotros. Mas no se encuentra en los libros. Ella ha sido trasmitida del Maestro al discípulo, del iniciado al neófito, de los labios a los oídos. Si alguna vez se ha escrito algo sobre ella, su significado ha sido cuidadosamente velado con términos de astrología y alquimia, de tal manera que sólo los que poseían la clave podían leerlo correctamente. Esto se hizo necesario a fin de evitar las persecuciones de los teólogos de la Edad Media , quienes luchaban contra la Doctrina Secreta a sangre y fuego.
Aun en nuestros días nos es dable encontrar algunos libros valiosos de Filosofía Hermética, pero la mayor parte se ha perdido; Sin embargo, la Filosofía Hermética es la única clave maes tra que puede abrir las puertas a todas las enseñanzas ocultas.
En los primeros tiempos existió una compilación de ciertas doctrinas herméticas que eran las bases fundamentales de toda la Doctrina Secreta , y que habían sido, hasta entonces, transmitidas del instructor al estudiante, com pilación que fué conocida bajo el nombre de "El Kybalion", cuyo exacto significado se perdió durante centenares de años. Sin embargo, algunos que han recibido sus máximas de los labios a los oídos las comprenden y las conocen. Sus preceptos no habían sido escritos nunca hasta ahora. Son, simplemente, una serie de máximas y axiomas que luego eran explicados y ampliados por los Iniciados. Estas enseñanzas constituyen, realmente los principios básicos de la "Alquimia Hermética", la que, contrariamente a lo que se cree, está basada en el dominio de las fuerzas mentales, más bien que en el de los elemen tos materiales; en la transmutación de un clase de vibra ciones mentales en otras, más bien que en el cambio de una clase de metal en otro.
La leyenda acerca de la piedra filosofal, que convertía todos los metales en oro, era una alegoría relativa a la Filosofía Hermética , alegoría que era perfectamente comprendida por todos los discípulos del verdadero hermetismo.
Invitamos a examinar las enseñanzas herméticas, tal como fueron expuestas en "El Kybalion", explicadas y ampliadas por nosotros, humildes estudiantes de las mismas, que si bien llevamos el titulo de iniciados somos, sin embargo, simples discípulos a los pies de Hermes, el Maestro.
Dice "El Kybalion":
"Donde quiera que estén las huellas del Maestro, allí los oídos del que está pronto para recibir sus enseñanzas se abren de par en par.
"Cuando el oído es capaz de oír, entonces vienen los labios que han de llenarlos con sabiduría".
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El juicio de los muertos en el antiguo Egipto
Publicado por cosmoxenus en 23 Agosto 2008
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