El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Archivos de la categoría ‘Dios’

LA COMPRENSIÓN DEL CÓSMICO Y SUS LEYES

Publicado por cosmoxenus en 28 Febrero 2009

Dr. Spencer Lewis, F.R.C

La palabra cósmico, en nuestros días, está suplantando rápidamente a otras palabras o términos, concernientes a las cuestiones metafísicos de la vida, las cuales eran tan populares como hoy en los tiempos pasados. En cierto modo, podemos alegrarnos de que una apreciación de la existencia de semejante poder universal como el Cósmico implica, se vaya comprendiendo, pero no debemos olvidar que, junto con el uso que ampliamente se va dando a esta palabra, debe haber, con seguridad, cierta incomprensión en el público de su verdadera significación, así como de las leyes y principios implicados en sus manifestaciones.

Quizá uno de los conceptos más erróneos y delicados sostenidos por el cristiano medio de hoy en día es el comprendido en la expresión: “Es la voluntad de Dios”. Si los hombres y las mujeres, generalmente, van a emplear la palabra Cósmico en lugar de la palabra Dios, y con la misma idea en mente, como en expresiones semejantes a la citada, entonces debe familiarizarse al público con el conocimiento de lo que realmente es el Cósmico y de la manera en que se manifiesta.

El error en expresiones con respecto a la Voluntad de Dios y a las manifestaciones de Dios radica en la incomprensión del hecho teológico de que Dios creó todas las cosas y que todas las cosas son de El. Este principio teológico implica la comprensión de que no solamente Dios creó el bien y el mal, sino que igualmente tenemos en El nuestra vida y nuestro ser eternamente. Desde el punto de vista teológico, Dios es la causa de todas las causas. Pero una incomprensión de este principio teológico ha evolucionado en la religión Cristiana hasta convertirse en un temor de Dios; se concibe a Dios como una persona o una inteligencia rigiendo el universo y todas sus manifestaciones, dirigiendo, controlando, influyendo en todo incidente, en todo asunto, problema, prueba, bendición ,recompensa o beneficio en la experiencia de la vida.

Tal idea es fácilmente establecida por mentes que no piensan ni analizan, para establecer en la consciencia una creencia claramente universal con respecto a Dios y a Su relación con los incidentes de nuestra vida cotidiana.

El cristiano medio de hace unos cuantos años creía con firmeza que Dios, con Su poder omnipotente, arbitrariamente señalaba con Su dedo a cada uno de nosotros y, en un instante nos hacía tener una experiencia, buena, o mal, sufrir una enfermedad, un accidente, un dolor, una necesidad o miseria, o bien gozar un placer esperado o anticipado, o una bendición, una recompensa, una compensación o un beneficio material de alguna especie. Toda hora de nuestra vida se hallaba sujeta a la intervención arbitraria, a la voluntad personal y a la inmediata acción de la mente de Dios. Estábamos sujetos a Sus caprichos y gustos, a Sus decisiones impulsivas, a Sus secretos arbitrarios y, debido a la naturaleza variable de los incidentes de nuestras vidas – de los que Dios era responsable – se nos decía que Dios era justo y misericordioso, amable y amante; aún cuando fuera austero y rígido, inflexible y celoso, vengativo, el último tribunal y juez de nuestras instancias.

Esta creencia creó un temor de Dios, más que un amor de Dios, pues era indudable que con nuestra comprensión terrena, incompetente, finita, humilde, nunca podríamos comprender la razón de todas las decisiones repentinas de dios y de los Decretos divinos. Por consiguiente, no podíamos tomar ninguna medida para protegernos de ellos, y con toda certeza no podíamos descubrir ningún medio para asegurarnos únicamente las bendiciones y las cosas buenas de la vida. Si Dios hacía que una bendición o felicidad fuera nuestra suerte por algunos minutos, esto era debido a Su misericordia y no a alguna acción de nuestra parte, que pudiera justificarla o garantizarla. No podíamos demandarla en cambio de una buena acción, pues eso sería una presunción acerca de la inteligencia y obra de la mente de Dios, que no podíamos comprender.

¿No era cosa corriente para el devoto clérigo el declarar en publico que él “vivía en el temor de Dios? ¿No era cosa corriente el escuchar a los cristianos decir que “ caminaban en el temor de Dios”? ¿Acaso no era la palabra temor el factor predominante en la vida de todo cristiano sincero?

Gradualmente, los cristianos han ido comprendiendo que Dios no es ni vengativo, ni celosos. No es siquiera misericordioso, solamente es justo y verdadero, de acuerdo con la Ley de Compensación”.Todas las cosas son juzgadas imparcialmente y, por consiguiente, en una manera que podemos comprender. Los cristianos han llegado a darse cuenta de que Dios no debe ser temido, sino comprendido.

Viviendo de acuerdo con Sus Leyes, podemos prevenir acertadamente la compensación, el ajuste, tanto en lo que respecta a la tristeza, daño o dolor, como en lo que toca al gozo o felicidad, y de manera automática, de nuestras propias acciones resultarán grandes beneficios. Esto nos lleva a comprender que tenemos que examinar y estudiar nuestras propias acciones; así como los eventos de nuestras propias vidas. Debemos descubrir en ellos, dónde hemos estado en error, consciente o inconscientemente, para habernos acarreado una manifestación de las leyes de Dios. En lugar de considerarnos a nosotros mismos intachables y libres de toda culpa, pensando que Dios ha descargado arbitrariamente Sus poderes sobre nosotros sin razón alguna desde nuestro punto de vista, debemos aceptar la responsabilidad de nuestro propio pensamiento y acción.

Sin embargo, contra lo que debemos guardarnos al presente es de una extensa sustitución de la palabra Cósmico por la palabra Dios, en conexión con las antiguas ideas respecto a la intervención de Dios. Oímos ahora decir que el Cósmico lanza su cólera sobre nosotros, de una manera arbitraria, y sin razón o causa aparente, bendiciéndonos o condenándonos. Esta creencia conducirá la mismo temor del Cósmico que muchos tenían de Dios.

El cósmico es Imparcial

El Cósmico es la Divina inteligencia y Consciencia de Dios y es justo, imparcial y absolutamente bueno. Su tendencia es siempre constructiva: tendencia a recrear y a beneficiar. Sea cual fuere la suerte que corran nuestras vidas, sea cual fuere el incidente del momento que cambie nuestro estado o que nos traiga una manifestación de leyes superiores, enfermedad, accidente, sufrimiento, bendición, recompensa o un momento de hilaridad, estamos experimentando lo que hemos ganado, merecido o creado. Nuestras propias acciones, pasadas o presentes, lo han producido, y nos encontramos ahora experimentando la reacción, la reflexión del Cósmico, sin intervención personal o impersonal, y sin venganza, retribución, celos, odio o parcialidad.

Adoremos a Dios por Su Sabiduría sublime y trascendental , y procuremos cooperar en toda forma posible con los principios Cósmicos. Elevando nuestras consciencias hasta el Cósmico, llegaremos a comprender sus leyes y principios. De este modo nos armonizaremos con operaciones constructivas de tal manera que las reacciones en nuestras propias vidas serán lo que nosotros deseemos que sean. Mereceremos y conquistaremos según nuestra manera de vivir y de pensar. Esto nos acercará más a Dios y nos pondrá en intimidad con el Cósmico, como el Cósmico está en intimidad con nosotros.

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¿ES POSIBLE LA RELIGION SIN SACERDOTES?

Publicado por cosmoxenus en 6 Diciembre 2008

 

C. Jinarajadasa

La respuesta a esta pregunta depende en gran parte del significado que demos a la palabra «Religión».

Si con la pregunta que remos significar: ¿Puede el hombre acercarse a Dios directamente y sin la intervención de un sacerdote?, la respuesta inmediata es: SÍ.

El problema de las relaciones entre el hombre y Dios supone, nece sariamente, que entra los dos no puede imponerse tercera persona, como un sacerdote.

Esta es la enseñanza que gráficamente se nos declara en el «Bhagavad Gita», en donde Shri Krishna nos dice que, así como en tiempos de inundaciones el agua nos rodea por todas partes y no hay necesidad de ir por ella al pozo, así cuando el hom bre descubre por sí mismo el camino directo hacia Dios, no tiene ne cesidad de obedecer los preceptos de los Vedas, ni tomar parte en ce remonias.

Esta misma enseñanza de un camino directo hacia Dios la encontramos en todo Gran Maestro. Fue enseñada por Cristo. Buddha, Mahoma, Zoroastro y otros.

Este problema de las relacio nes entre el hombre y Dios es el problema de la Salvación.

Pero,¿ pueden los sacerdotes ayudar en este problema de la Sal vación? .

La respuesta que muchas religiones dan es: SÍ.

El Hinduismo, el Cristianismo y el Zoroastrismo son religiones que tienen sa cerdocio; el Budismo y la religión mahometana no lo tienen.

¿Cómo ayudan los sacerdotes?

El auxilio que prestan se parece mucho a las agencias físicas que se emplean para distribuir cualquier energía natural. Por ejem plo: en una ciudad que tenga central eléctrica se genera la electricidad por medio del carbón o del petróleo, con ayuda de ma quinaria bajo la dirección del cerebro humano. Necesitamos condu cir la electricidad por medio de cables tendidos en las calles, después por medio de hilos en las casas y finalmente en una lámpara donde la electricidad, pasando por un filamento, produce luz. Existen Fuer zas Divinas que necesitan exactamente una distribución parecida a la descripta. El hombre religioso que resiente la interferencia de los sacerdotes, se olvida de que lo que se llama «Divina Gracia», no es una experiencia meramente subjetiva, sino el resultado de fuerzas definidas que fluyen de planos invisibles. A veces se necesitan agencias como la de los sacerdotes, para que estas fuerzas desciendan.

Pero al mismo tiempo tenemos que reconocer que la fuerza o bendición que el sacerdote atrae de lo alto «no» es la Salvación.

Esta fuerza puede ayudar a que la Salvación se consiga si se cum plen estas condiciones:

Primero, que el recipiendario utilice la fuer za debidamente;

Segundo, que él sea verdaderamente capaz de con ducir o distribuir tal fuerza y no simplemente que declare que así lo hace cuando en realidad es incapaz de producir dicho efecto.

La Salvación es un cambio interno que se verifica en un indivi duo cuando abre su naturaleza y permite su proximidad a la Natu raleza de Dios. Pero en esa Salvación hay ciertas operaciones pre­paratorias que ayudan eficazmente, y en esta operación es donde el sacerdote puede ayudar. En cirugía moderna sabemos que cuando se va a practicar una operación, se toman las precauciones mas extraordinarias para obtener asepsia, es decir, el evitar toda causa que pueda producir una condición séptica. Esto se consigue median te la esterilización rigurosa de todo lo que ha de poner en contac to con la herida. Igualmente, después de la operación, si se quiere que la cicatrización sea normal, ha de tenerse sumo cuidado de que nada que pueda contener infección se ponga en contacto con la superficie abierta de la herida. De la misma manera, los sacerdotes, que debieran ser peritos espirituales en asepsia espiritual puedan facili tar el asunto de la Salvación. Pero así como el cirujano mas exper to es incapaz de curar a un paciente si no cooperan sus fuerzas vita les, así por mucho que sea el auxilio que el sacerdote pueda ofrecer, no le conduciría a la Salvación sin la voluntad del individuo.

Como al principio del artículo dijimos, la Salvación es una cues tión entre el hombre y Dios y es innecesaria la intervención de ter cera persona. Si así se verifica, el resultado obtenido no es un esta do de Salvación.

Si distinguimos claramente entre el problema de la Salvación y el problema de los medios que pueden ayudar a pre parar la mente y el corazón para que se consiga esa Salvación, esta remos en condiciones de contestar a la pregunta de si se necesita o no sacerdotes en la Religión.

Para la Salvación no son necesarios, pero son muy útiles para conducir al hombre a la «puerta» de la Salvación. Pero existiendo el poder de Dios en el corazón de todo hombre, puede muy bien, em pleando tan sólo su esfuerzo espiritual, no sólo llegar por si mismo a la puerta de la Salvación sino pasar por la puerta de la Liberación..

Al mismo tiempo, se cuentan por millones los que todavía no han descubierto este sendero directo y sienten la necesidad de auxi lio en su camino hacia la Meta. Aquí es donde el sacerdote puede ayudar. Todos sabemos por la historia de las Religiones que los sa cerdotes, pueden ser un obstáculo. Pero esto no puede destruir el he cho de que un sacerdote verdadero, esto es, el conductor de ciertas Fuerzas Divinas para el auxilio del hombre, pueda en verdad pres tar un gran servicio a la Religión.

C. Jinarajadasa

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Quiénes son los Ángeles?

Publicado por cosmoxenus en 6 Octubre 2008

Los Ángeles son seres puramente espirituales, dotados de inteligencia, voluntad y libre arbitrio, elevados por Dios al orden sobrenatural con energía pura, espíritus elevados. Fueron creados perfectos libres de las limitaciones de lo humano. Son seres de luz, criaturas amorfas, asexuadas, de naturaleza inmortal que cuando necesitan tener contacto con alguna persona pueden presentarse tanto como hombre o mujer u otro tipo de energía. No son solamente seres etéreos que viven en dimensiones superiores, también en la Tierra puede haber muchos seres que se conviertan en Ángeles, Ángeles humanos, en seres que ayuden a los demás, y se sientan gratificados por esta labor.

Cuantas veces nos encontramos con amigos, familiares, compañeros y hasta extraños, que sin ningún otro interés de por medio nos ofrecen su ayuda en el momento en que lo necesitamos muchas veces sin pedirlo. A estos seres también podemos llamarles Ángeles.

Los Ángeles existen para glorificar a Dios. Son entidades celestiales que como función más importante tienen ser el nexo, la comunicación entre lo humano y la divinidad. El nombre de ángel deriva del latín Ángelus y del griego Angelos, significando ?Mensajero de Dios?. En hebreo se dice ?ma? lak?, que también significa mensajero.

Dios creó a los Ángeles para conocerlo, amarlo, servirlo y proclamar sus grandezas, ejecutar sus órdenes, gobernar este universo y cuidar de la conservación de las especies y de los individuos que él contiene.

Como príncipes y gobernadores de la gran Ciudad del Bien, la que se refiere a todo el sistema de la creación, los Ángeles presiden, en el orden material, el movimiento de los astros, la conservación de los elementos. Unos cuidan de los cuerpos celestes, otros de la tierra y de sus elementos, otros de sus producciones, árboles, plantas, flores y frutos. A éstos, está confiado el gobierno de los vientos y mares, de los ríos y fuentes; a aquellos, la conservación de los animales. No hay una criatura visible, ni grande ni pequeña, que no tenga una potencia angélica encargada de velar por ella.

Se encuentran en el plano de energía vibracional, plena zona de luz absoluta cuyo oficio determinado por Dios es el de trabajar, proteger y velar por la elevación espiritual de la humanidad. Al ser su vibración pura mayor que la del ser humano se tornan invisibles al ojo humano cuando logramos notar su presencia inevitablemente algo hermoso sucederá y empezaremos a recorrer el camino del alma. Si decidimos tomar este rol, tal vez queramos llegar más lejos, tal vez queramos crear alguna asociación, escuela o agrupación que se dedique a este fin, y tal vez queramos contar con la ayuda de más gente, para poder extender esta ayuda todo lo posible. Es en ese caso donde deberemos reunir gente con el mismo propósito espiritual que nosotros.

Cada uno de nosotros tiene una misión: crear paz, armonía, alegría y buenos propósitos para nosotros mismos? y luego lograr contagiar este maravilloso estado interior al mundo en que vivimos. Cada sonrisa que salga de nosotros es un regalo al Universo en que vivimos? en la medida que estemos creando paz dentro de nosotros mismos, la estaremos creando para el resto de la humanidad?

Te invito a que entres en este hermoso camino y te prepares a formar parte de un gran equipo. Un equipo de seres preparados para un nuevo mundo, un grupo dispuesto a dar y a recibir, a tener apertura para nuevas enseñanzas, que permiten ir perfeccionándonos, porque sólo si estamos bien y centrados es que podemos aportar lo mejor de nosotros para nuestros semejantes, para nuestro medio ambiente y para ir contagiando a través del magnetismo que emana de nosotros esa felicidad y alegría genuina de los Ángeles.

Su existencia esta reconocida por la mayoría de las religiones desde los primeros tiempos a través de escritos bíblicos y la teología.

Los Ángeles son conocidos por varias religiones en todo el planeta. El cristianismo, hinduismo, el islamismo, el zoroastrismo y el judaísmo todo hablan de ellos en sus libros sagrados.

Estos seres hermosos rodean a la humanidad entera, y sólo están en espera de que se les llame o invoque para ayudar o auxiliar a cualquiera que se encuentre en un momento de peligro, riesgo o pena.

El hombre moderno no afirma la existencia de los Ángeles. Tampoco la niega. Simplemente la ignora. No se atreve a hablar de su existencia por miedo a que los demás lo consideren como si fuera algo infantil.

Pero después de nacer, el hombre recibe de Dios uno de esos angélicos guardianes, que lo acompañará durante la vida, protegiéndolo y comunicándole buenas inspiraciones buenos consejos, inspirándonos santos deseos y buenos propósitos. Evidentemente, lo hacen en el interior de nuestras almas, si bien que, como vimos, hayan existido almas santas que merecieron de ellos recibir visiblemente celestiales consejos tales como: Santa Juana De Arco, Santa Hildegonde.

Por extraño que pueda parecer los descubrimientos antropológicos muestran que la existencia de los Ángeles se daba por supuesta desde la más remota prehistoria, en los albores de la vida humana en la Tierra. La creencia en seres espirituales superiores al hombre e inferiores a Dios era entonces universal.

Las mitologías griega y romana, por ejemplo, muestran que el pueblo creía en su existencia. Pero no era sólo el pueblo ignorante el que creía en ellos; los filósofos no eran ajenos a esa creencia universal.

Tales de Mileto y Pitágoras los colocaban en los umbrales del ámbito divino, Sócrates conversaba familiarmente con uno de ellos y Platón y sus discípulos llenaron el mundo con inteligencias puras o dioses secundarios. Aristóteles, por su parte, creía que eran quienes movían los cuerpos celestes. Otro tanto podemos decir de las civilizaciones y literaturas nórdica, eslava, maya u oriental. Todo lo anterior indica que los Ángeles no constituyen un invento.

En la Biblia se habla de los Ángeles en casi todas sus páginas. Sirvieron a Jesús el Hijo de Dios, en el desierto y confortado por uno de ellos en el Huerto de los Olivos, durante su agonía. Detuvieron la mano de Abraham cuando iba a sacrificar a su hijo, los que mataron a los primogénitos de los egipcios, los que condujeron a la victoria a los Macabeos. En el Nuevo Testamento, un ángel fue quien se apareció a Zacarías, y a una doncella de Nazareth en Galilea, y a su esposo en sueños. A lo largo de los siglos, los Ángeles aparecen innumerables veces en la vida de los santos, incluso hasta nuestros días.

Es por esto que nos resulta difícil concebirlos y más aún imaginarlos, ya que nuestra mente está íntimamente unida a lo material. Si decimos que son sustancias espirituales o formas subsistentes, enseguida nos imaginamos algo extraño. Pero no, no son imaginables. ¿Por qué aparecen con cuerpos en la Sagrada Escritura? Uno estuvo a las puertas del Paraíso espada en mano, otros fueron huéspedes de Abraham, el arcángel Rafael apareció como compañero de viaje de Tobías. Tenían, pues, cuerpos. ¿Cómo se hicieron con ellos? Evidentemente no eran suyos, y por tanto tuvieron que tomarlos, asumirlos de alguna manera, como un hombre que alquila un traje para asistir a una fiesta. Ahora bien, en cuanto y a cómo lo obtuvieron es un misterio.

Algunas veces los Ángeles, cuando son enviados por Dios a los hombres para alguna misión, utilizan la forma humana, a fin de acomodarse a nuestra naturaleza. Sin embargo, en esos cuerpos etéreos y ligeros con los cuales en general aparecen, no están como el alma humana está en el cuerpo, dándole vida y tornándolo capaz de operaciones vegetales y animales.

De todo lo anterior surge que los Ángeles no son el patrimonio de una religión específica, sino Arquetipos presentes en el Inconciente Colectivo de toda la humanidad y por lo tanto podemos inferir que su presencia es una Divina Verdad.

Por Amin

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La religión parece responder a patrones neuronales

Publicado por cosmoxenus en 29 Junio 2008

Autores como Persinger, Newberg, D´Aquilli o Hamer han buscado las raíces biológicas de lo religioso

La llamada neuroteología o neurología mística o religiosa (estudiada en España, entre otros muchos, por neurólogos como F. J. Rubia o Francisco Mora) es hoy una temática científica que responde a evidencias objetivas y no tiene nada que ver con todo aquello que pudiéramos calificar en general como “esotérico”. Evidencias científico-neuroló gicas permiten constatar que las representaciones y emociones religiosas (y, más ampliamente, conectadas con lo metafísico, lo filosófico, lo cósmico …) se producen neuronalmente por actiavción de ciertas localizaciones corticales precisas entre los lóbulos frontales, temporales y el sistema límbico. Hoy en día se han buscado incluso las bases genéticas que estarían en la raíz evolutiva de los comportamientos religiosos. En todo caso, lo que estos hechos neurológicos, e incluso genéticos, muestran, es que lo religioso ha sido y sigue siendo un importante factor que inevitablemente se plantea siempre en la vida, acabando por aflorar, y obligándonos a tomar ante el una decisión personal. Por Óscar Castro García.

En principio hubiera podido suponerse desde el principio que, si el comportamiento humano responde siempre a patrones neuronales, también el comportamiento religioso debiera tener sus estructuras neurales propias. Lo que hubiera podido ser una expectativa científica ha sido hoy comprobado en los estudios de neurología empírica.

Cuando el hombre piensa en lo filosófico, en lo metafísico, en lo religioso y se ve embarcado en emociones que lo conectan místicamente con la Unidad del Universo, se activan en su cerebro ciertas áreas y estructuras que recibidos por herencia de la especie. Estas funciones han sido construidas poco a poco desde la evolución del hombre primitivo y pueden estar activadas o inhibidas en el hombre actual: pero están siempre ahí y pueden dispararse en cualquier momento activadas por las circusntancias de la vida.

¿Responden estas estructuras neurales a la verdad? ¿Muestran que efectivamente Dios existe? Evidentemente que no. Podrían ser un error programado por necesidad adaptativa. Pero también podrían responder a la realidad mistérica y trascendente de un Dios realmente existente. En todo caso, lo que estos hechos neurológicos, e incluso genéticos, muestran, es que lo religioso ha sido y sigue siendo un importante factor que inevitablemente se plantea siempre en la vida, acabando por aflorar, y obligándonos a tomar ante el una decisión personal.

El gen de Dios de Dean Hamer

El profesor Dean Hamer es director de la Unidad de Regulación de la estructura genética en el National Cancer Institute de Bethseda. Según Hamer, la espiritualidad responde a un mecanismo biológico, comparable al mecanismo que rige el canto de los pájaros, aunque más complejo.

Existe una predisposició n genética a la autotranscendencia, a través de una proteína llamada VMAT2, que está involucrada en la rotura, a través del MAO (monoamino oxidasa: enzima que rompe las monoaminas después de su liberación sináptica) y en el transporte de monoaminas vesiculares. Éstas son neurotransmisores que contribuyen a la sensibilidad emocional.

De esta manera influye en las capacidades cognitivas con diversos tipos de tipos de conciencia que constituyen la base de las experiencias espirituales. Según Hamer la VMAT2 está relacionada, primero, con el olvido se si mismo y por tanto de la transcendencia del espacio-tiempo; segundo, con la identificació n transpersonal y tercero con el misticismo o el sentido de lo sagrado y la captación de realidades inefables.

Algunos teólogos como John Polkinghome, rechazan la tesis de Hamer aludiendo un reduccionismo genético darwinista que va “en contra de mis convicciones teológicas personales” según testimonió públicamente. Pienso que Polkinghome cae en la trampa de la que habla Sam Harris, ya que ha de ser el método científico el que ofrezca respuesta interpretativa a la actividad cerebral que permite las experiencias místicas.

Hamer también alude a la experiencia personal y al influjo cultural para la experiencia mística. Esto lo corrobora un estudio del McGovern Institute for Brain Research del Massachussets Institute of Technology (MIT) que ha realizado un equipo de investigadores de la Stony Brook University de NY, del MIT y de la Standford University de California. En pocas palabras, el nivel de identificació n que tenemos con la cultura que hemos vivido no sólo condiciona nuestros pensamientos, sino que también rige los patrones de actividad neuronal.

Los experimentos realizados con personas de ámbitos culturales opuestos (occidental americano versus extremo oriental) han determinado que la construcción social de la realidad que compartimos de forma memética (injertada y ajena a nuestra realidad) a lo largo de nuestra vida produce la actividad de nuestro cerebro. Los occidentales, por ejemplo no estamos tan acostumbrados a las actividades interdependientes como los orientales, y los orientales no tienen tan desarrollado su capacidad de actuar autónomamente, con independencia y libertad.

La exploración realizada a través de fRMI en sujetos experimentados con tareas visuoespaciales registró actividad en las regiones frontal y parietal del cerebro, zonas directamente asociadas al control de la atención. Dicha actividad era mayor durante la emisión de juicios no-preferidos culturalmente que durante la emisión de juicios preferidos culturalmente.

De esta forma se ha llegando a la conclusión de que cuanto más identificado está uno con su recorte psicológico del inconsciente colectivo, mayor es la dificultad de salirse de dicho recorte. Es un fenómeno que viene asociado a la supervivencia, en cuanto que la cultura propia, en el medio inmediato que le envuelve, lo identifica como persona y le permite reforzarse para sobrevivir en un medio hostil.

Pero, como señala Francisco J. Rubia, de la Universidad Complutense de Madrid, si la cultura es un subproducto del cerebro, y estamos de acuerdo en que el cerebro está hecho para la supervivencia, y si el cerebro genera un “yo social” para sobrevivir, entonces, ¿cómo sobrevive el individuo si lo despojas de este “yo”?

Los operadores cognitivos de Andrew Newberg y Eugene D’Aquili

En su libro Why God won’t go away. Brain Sciene and Biology of Belief, Newberg y D’Aquili, de la Universidad de Pennsylvania, señalaban en primer lugar una zona cerebral (sección posterior del lóbulo parietal) a la que nombran “Área de Orientación y Asociación” (OAA), fundamental en la orientación física del espacio, en la consideración de ángulos y distancias; siendo de suma importancia en su desarrollo para los pilotos de aviones y aeroplanos.

¿Qué ocurre si el OAA no recibe información para activarse? Si no hay información que fluya a través de los sentidos, el Área de Orientación y Asociación no es capaz de encontrar fronteras. Entonces, ¿dónde se encuentra el límite físico del Self y del mundo exterior? No existe. En ese caso el cerebro no tiene otra opción que percibir que el “yo” es interminable e íntimamente ligado a todo de forma inevitable.

Es cierto que pueden existir lesiones en el OAA que provoquen esta experiencia. Pero, ¿qué ocurre cuando es una experiencia autoinducida por uno mismo a través de un serio trabajo de largos años de meditación? O quizá provenientes de muchas horas de oración, como aparecería en los datos del estudio realizado por Newberg y D’Aquili. Estas experiencias serían las que podrían llamarse de identificació n transpersonal, según la escala de Hamer.

Newberg y D’Aquili consideran que existen cuatro áreas de asociación que manifiestan un protagonismo especial en las experiencias religiosas profundas:

- Área de Asociación Visual

- Área de Orientación y Asociación

- Área de Atención y Asociación

- Área Verbal-Conceptual de Asociación, o “TPO junction” porque se situa en el punto de contacto de los lóbulos Temporal, Parietal y Occipital.

De hecho, el lóbulo temporal merece mucha atención en estudios de estados mentales singulares relacionados con la mística y los estados alterados de la conciencia (ASC). Tal como lo planteó Michael Persinger, la amígdala y el hipocampo están asociados con el sentido del “yo” en relación con el espacio-tiempo y sus límites, de acuerdo con su memoria y sus afecciones primarias.

Persinger también postula la existencia en el lóbulo temporal de patrones de descarga transitorios de las células nerviosas que provocan el fenómeno de “kindling”. También postula que la inestabilidad de esta excitación puede provocar experiencias alucinatorias, como la impresión de estar fuera del cuerpo o sensaciones vestibulares, o auditivas (la escucha de Dios, o la hipótesis del genio maligno de Descartes), sea el paciente creyente o agnóstico. Sus interpretaciones vendrán configuradas por el contexto cultural en que está envuelto el individuo o paciente en que esto sucede.

También Newberg y D’Aquili llegan a decir que la mente es “mística por defecto” en el sentido de que se obtienen experiencias religiosas combinando el sistema vegetativo, el límbico y las funciones analíticas del cerebro. El sistema vegetativo combina la acción vegetativa-sinpá tica (fundamentalmente desveladora) con la parasimpática (relajadora o quiescente). Eso ofrece estados de “hiperquiescencia” o quietud, “hiperdespertar”; o gran activación “hiperquiescente” con irrupción de despertar; o “hiperdespertar” con irrupción de quiescencia. Y todo esto se complementa con los estados emocionales dependientes del sistema límbico (concretamente con la amígdala e hipocampo) muy relacionados con la memoria.

Operadores cognitivos

También ha hecho referencia a que existen estructuras neurales que, actuando simultáneamente proceden como algoritmos para ordenar la percepción de la realidad y se activan especialmente en la generación de experiencias místicas. Se denominan “operadores cognitivos” y son las siguientes:

  1. Operador holístico: permite ver el mundo como una totalidad. Es posible que esta capacidad mental nazca de la actividad parietal del hemisferio derecho. Un ejemplo sería ver el reloj de agujas.
  2. Operador reduccionista: Responde primariamente a la actividad del hemisferio izquierdo. Representa la antítesis de la función holística. Permite dividir el conjunto en partes. Representa la capacidad analítica. Un ejemplo sería ver las agujas del reloj.
  3. Operador abstractor: Es el taxonomista mental. Probablemente activado desde el lóbulo parietal del hemisferio izquierdo. Permite la formación de conceptos a partir de la observación de las partes individualizadas. La abstracción para formar conceptos es la base de la generación de la cultura de las ideas.
  4. Operador cuantitativo: Es la mente calculadora. Cuantifica el mundo real y también calcula los elementos de supervivencia (distancias, número de elementos, etc.).
  5. Operador binario: Esto contra aquello. Capacidad de organizar el mundo físico y sus relaciones. Facultad de elaboración de opiniones y similitudes entre las piezas de la realidad. Está relacionado con la parte inferior del lóbulo parietal, ya que las lesiones en dicha zona impiden realizar estas funciones.
  6. Operador existencial: Función de la mente que ofrece la sensación de vivir, de existir o de realidad a través de la información procesada por el cerebro. Nos informa de que lo percibido es real. Probablemente relacionado con el sistema límbico, que nos capacita para asumir emocionalmente la realidad.
  7. Operador de valor emocional: El sentimiento consecuente. Asigna los valores emocionales a cada elemento de la percepción y del conocimiento. Este operador preside también nuestro mundo intencional.

Imperativos cognitivos

La actuación de todos estos operadores genera lo que denominan “Imperativos cognitivos”. En éstos se encuentran los significados de los mitos y la simbólica metafísica tan importantes para todas las culturas. Son básicos para la interpretació n de la realidad y los problemas metafísicos de sentido que esta realidad suscita. De esta manera minimizamos la ansiedad que genera nuestra existencia y la convivencia en un mundo incógnito.

Los mitos, traducidos en doctrinas y prácticas rituales, constituyen arquitecturas mentales imprescindibles sin las cuales no es posible vivir para la mayoría de los humanos. Este fundamento es el que permite que la creación del mito o mito-cultura sea un producto de la mente humana orientada al propósito de la supervivencia del individuo y del colectivo humano.

La congruencia entre el mito y la supervivencia del “yo” se fundamenta en la estructura de la actividad cerebral. Los operadores causal y binario son los que intervienen en el origen de la interpretació n de los orígenes de los fenómenos, de las responsabilidades y en la delimitación de los contrarios, cosa que permite poner orden en la ambigüedad de muchos datos de la realidad.

Para que sobreviva la experiencia cognitiva que produce el mito ha de sobrevivir también la transmisión por vía cultural; y esto se hace en forma narrativa, representacional (generador del mundo simbólico) y vivencial (el rito y la normativa socio-cultural) . Los lóbulos frontales serían entonces los que capacitarían a los humanos para la creación de una realidad simbólica que sustentaría el equilibrio de la mente y de la conducta adaptativa al medio.

Newberg y D’Aquili, descubrieron que, cuando se alcanza un estado de meditación profunda, las regiones del cerebro que regulan la construcción de la propia identidad se desactivan. De este modo el practicante de meditación pierde el sentido del propio yo individual, produciéndose un estado de “paradoxicalidad”: no existen límites entre él mismo y todo lo demás; supera las dualidades y se integra en una totalidad única transcendente.

Eso se traduce en una caída de la actividad del área de orientación del lóbulo parietal (que procesa toda la información sobre el espacio y la ubicación del cuerpo físico en él) y en un aumento de la actividad de la región prefrontal dorsolateral de manera inusual. Las imágenes fueron obtenidas a través de tomografía computerizada por emisión de un solo fotón (SPECT).

Óscar Castro García, de la Universidad Autónoma de Barcelona, Cátedra CTR

Viernes 27 Junio 2008

Óscar Castro García

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EL BUDISMO Y LA IDEA DE DIOS

Publicado por cosmoxenus en 1 Mayo 2008

¿Existe en este Universo un dios omnipresente?

Cualquier respuesta es mera especulación si no podemos tener una experiencia inmediata e intuitiva para reconocer este hecho.

De acuerdo con las enseñanzas de Buda, existen varios dioses, no solamente uno. Buda también enseña que existen varios universos, no solamente un único universo. Y todos estos dioses y universos existen dentro de todos nosotros.

¿Buda es Dios?

Buda es el nombre dado a un ser completamente Iluminado que ha trascendido el ciclo del renacimiento. En las religiones occidentales, Dios representa el ser máximo y definitivo. En el Budismo, la Condición de Buda es el objetivo final de todos los budistas.

Debemos aceptar que existe una relación muy estrecha entre las personas. No hay personas amigas o enemigas. Somos todos personajes del mismo espectáculo que, a semejanza con nuestra vida, cuando termina no nos trae recuerdos de las personas, ni si fueron nuestros parientes o amigos. Por lo tanto, no debemos discriminar a las personas, debemos mantener con todas una relación saludable.

¿Los budistas creen en Dios?

No, los budistas no creemos en Dios. Hay muchas razones para esto. Buda, al igual que sociólogos y psicólogos modernos, creía que las ideas religiosas y especialmente la idea de Dios, tiene sus orígenes en el miedo. Buda dice:

“Asidos por el miedo los hombres van a las sagradas montañas, las sagradas arboledas, los árboles sagrados y lugares santos”. DP 188

El hombre primitivo se encontró en un mundo peligroso y hostil. Siempre tuvo miedo a los animales salvajes, al no poder encontrar suficiente comida, a la enfermedad, a los fenómenos naturales como truenos, rayos y volcanes. Al no encontrar seguridad, creó para su tranquilidad la idea de dioses, para encontrar tranquilidad en los buenos tiempos, coraje en tiempos peligrosos y consuelo cuando las cosas no salían bien.

En la actualidad también se ve que la gente se vuelve más religiosa en tiempos de crisis, se la escucha decir que la creencia en un dios o en dioses les dio la fuerza que necesitaban para enfrentar la vida. Que creen en un dios particular porque sus rezos en tiempos de necesidad fueron contestados.

Todo esto parece afianzar las enseñanzas de Buda de que la idea de Dios es una respuesta al miedo y la frustración. Buda nos dijo que tratemos de entender nuestros miedos, disminuir nuestros deseos y aceptar con calma y coraje las cosas que no podemos cambiar. Reemplazó el miedo, no con creencias irracionables sino con comprensión racional.

La segunda razón por la que el Buda no creía en dios, es porque no parece haber evidencias que apoyen esta idea. Existen numerosas religiones, todas afirman que solo ellas tienen la palabra de Dios preservada en su libro sagrado; que sólo ellas comprenden la naturaleza de Dios, que su dios existe y que los dioses de otras religiones no existen. Algunas creen que Dios es masculino, otras que es femenino y otras que es neutro. Todas están satisfechas por la amplia evidencia que prueba la existencia de su Dios, pero se rien escépticamente de las evidencias que otras religiones usan para probar la existencia de otro dios. No es sorprendente que con tantas religiones diferentes tratando durante centurias de probar la existencia de sus respectivos dioses, estas pruebas no sean reales, concretas, sustanciales o irrevocables. Los budistas no hacen juicios hasta que aparezcan tales evidencias reales. Los budistas suspenden el juicio hasta que se aproximan a esas evidencias.

La tercera razón por la cual el Buda no creía en Dios, es porque esta creencia no es necesaria. Algunos sostienen que la creencia en Dios es necesaria para explicar el origen del universo, pero no es así. La ciencia ha explicado muy convincentemente cómo se creó el universo sin tener que introducir la idea de Dios. Algunos sostienen que la creencia en Dios es necesaria para tener una vida feliz y plena. Nuevamente vemos que no es así. Hay millones de ateos y pensadores libres, sin mencionar muchos budistas, que tienen una vida plena, feliz y significativa sin creer en dios.

Algunos sostienen que la creencia en el poder de Dios es necesaria, porque los humanos, siendo débiles, no tienen la fortaleza para ayudarse a sí mismos. Una vez más la evidencia muestra lo contrario. Muchas veces oímos hablar de personas que se han sobrepuesto de grandes dificultades y discapacidades con sus propios esfuerzos, sin la creencia en un Dios.

Algunos sostienen que Dios es necesario para la salvación del hombre, pero este argumento sólo se mantiene bien si ustedes aceptan el concepto teológico de la salvación; y los budistas no aceptamos conceptos semejantes. Basado en su propia experiencia, el Buda vio que cada ser humano tenía la capacidad de purificar la mente, desarrollar amor infinito, compasión y comprensión. Cambió la atención, de los cielos al corazón, y nos enseñó a encontrar soluciones a nuestros problemas a través de la propia comprensión.

¿Pero si no hay Dios, cómo existe el universo?

Todas las religiones tienen mitos e historias que intentan contestar esta pregunta. En tiempos ancestrales, cuando el hombre no sabía, estos mitos eran adecuados; pero en el siglo XX, en la era de la física, la astronomía y la geología, estos mitos fueron cambiados por verdades científicas. La ciencia ha explicado el origen del universo sin recurrir a la idea de Dios.

¿Qué dijo Buda acerca del origen del universo?

Es interesante que la explicación que dio sobre el origen del universo se asemeje mucho al punto de vista científico. En el Sutra Agama, Buda describe al universo como destruido y reconstruido en su forma presente, en un período de incontables millones de años. Las primeras vidas se formaron en la superficie del agua y a través de los años se desarrollaron de organismos simples a organismos complejos. Todos estos procesos no tienen principio ni fin y están siempre en movimiento por causas naturales.

Usted dice que no hay evidencia de la existencia de Dios; ¿qué opina de los milagros?

Muchos creen que los milagros son una prueba de la existencia de Dios. Oímos decir que una curación ha ocurrido, pero nunca se da un testimonio médico independiente del hecho. Escuchamos que alguien ha sido salvado milagrosamente de un desastre, pero nunca tenemos un testigo ocular de lo ocurrido. Escuchamos rumores sobre el poder de la plegaria. Nosotros oímos rumores que la oración enderezó un cuerpo enfermo o fortaleció un miembro marchito, pero nunca vemos radiografías o recibimos comentarios de médicos o enfermeras.

Todos estos reportes y rumores no tienen una evidencia sólida. Es muy raro encontrar una evidencia sólida de los milagros. Sin embargo, algunas veces ocurren cosas sin explicación, pero nuestra incapacidad para explicarlos, no prueba la existencia de Dios. Sólo prueba que nuestro conocimiento aún es incompleto. Antes del desarrollo de la medicina moderna, cuando la gente no conocía la causa de las enfermedades, creía que eran un castigo de Dios. Hoy sabemos cuál es la causa y cuando nos enfermamos tomamos medicamentos. Cuando nuestro conocimiento del mundo sea más completo podremos entender las causas de fenómenos inexplicables, asi como ahora nosotros comprendemos cuáles son las causas de las enfermedades.

Hay tanta gente que cree en cierta forma en Dios. Debe ser verdad.

Hubo un tiempo en el que todos creían que el mundo era plano y estaban equivocados. La cantidad de personas que crean en una idea, no es prueba de su veracidad o de su falencia. La veracidad de una idea sólo puede conocerse examinando los hechos y la evidencias.

Entonces, los budistas no creen en Dios. ¿En qué creen?

No creemos en Dios porque creemos en el hombre. Creemos que cada ser humano es precioso e importante, que todos tienen el potencial para ser Buda; un ser humano perfecto. Creemos que el hombre puede superar la ignorancia y la irracionalidad y ver las cosas como realmente son. Creemos que el odio, la ira, el rencor y los celos pueden ser reemplazados por amor, paciencia, generosidad y amabilidad. Creemos que todo esto está al alcance de la persona si hace el esfuerzo y es guiado y ayudado por compañeros budistas e inspirado por el ejemplo de Buda.

Como dijo Buda:

“Nadie nos salva, sino nosotros mismos.
Nadie puede y nadie debe (hacerlo).
Nosotros mismos debemos caminar el sendero.
Pero los Budas nos muestran claramente el camino.” Dp 165

por el Venerable S. Dhammika

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