El Amarna

Colección de artículos sobre filosofía primordial, sophia perennis, ocultismo, esoterismo, geometría sagrada, mitología, historia oculta y misticismo.

Medicina y Cabalá: Seis Niveles de Curación

Posted by cosmoxenus en 2 abril 2005

Basado en un discurso jasídico de Rabi Aizik de Homel

Una discusión acerca de seis modalidades únicas de curación que corresponden a las distintas dimensiones del alma judía

Nivel Uno

El primer nivel de verdadera curación, el más bajo pero el fundamental sobre el que vamos a construir esta escalera de seis escalones, es el de un médico experto. El practicante experto y consumado conoce la medicina apropiada a prescribir para tratar los padecimientos específicos del cuerpo. Su experiencia en prescribir se relaciona con el nivel natural del cuerpo, en el que el cuerpo “vive” (la fuerza de vida del alma que está investida dentro del cuerpo). El poder de la correcta medicina es llevado a la realidad contactando este nivel inferior del alma y conduciéndola hacia su fuente Infinita, la conciencia del médico es primariamente, sino únicamente dirigida hacia el cuerpo y sus dolencias.

Este nivel corresponde al nivel más bajo del alma, el nefesh, cuya función es conectar el alma al cuerpo por medio del “intermediario conector”, la sangre, como está dicho: “La sangre es el nefesh”.

La palabra hebrea para sangre es “dam”, y tiene la misma raíz de la palabra “similar”. Este nivel de curación se relaciona con la similitud Divina con la que el hombre fue creado. Adam, cuyo nombre significa “Me convertir’e en sangre” (como se enseá en jasidut), representa el secreto del médico experto. Eva es la paciente, la serpiente primordial es tanto la enfermedad como el secreto de la medicina.

Nivel Dos

El segundo nivel de curación es a través del poder de “encanto”. Aunque en sus origenes es una ciencia de las más auténticas, a través de las generaciones se ha degenerado en gran manera y se volvió identificada con varias prácticas supersticioss.

Con el poder del “encanto”, se puede dibujar la forma de un hombre en una pared de manera que todo lo que se haga a la figura, realmente le podrá suceder al cuerpo de la persona dibujada que se quiere curar. La sabiduría empleada aquí es sugestiva por naturaleza.

El encanto toca el segundo nivel del alma, el espíritu – ruaj, que está por encima del aspecto del alma asociada directamente con el cuerpo, el nefesh. El acto es “espiritualista” por naturaleza. El evento espiritual tiene lugar a nivel de ruaj (el nivel del alma asociada con los poder emotivos del hombre, sus pasiones, enojos, etc.) y cuando son positivos (constructivos) el ruaj se vuelve sufucientemente energizado para afectar y curar desde arriba el cuerpo con el que se relaciona.

Nivel Tres

El tercer nivel de curación es a través del poder de los Nombres Sagrados, tales como los que se escriben en un amuleto que se lleva en el cuerpo o se coloca en algún lugar visible. El Nombre tiene el poder de provocar un influjo Divino en los aspectos suprarracionales del alma, produciendo una experiencia Divina celestial que fortalece el alma y le provee suficiente poder para sanar el cuerpo.

Este tipo de curación se relaciona en particular con el tercer nivel del alma, la neshamá, que en principio es supraconciente, ya que la conciencia inicial del hombre es del de nefesh (conciencia material, física) y su ruaj (conciencia espiritual), como se enseña en cabalá. Sin embargo, podemos merecer atraer el nivel de neshamá en nuestra conciencia en un estado de inteligencia abstracta, la percepción pura de los Nombres Sagrados

Nivel Cuatro

El cuarto nivel de curación es el citado poe nuestros sabios: “Si hay una dolencia en la cabeza debe profundizar en la Torá… si todo el cuerpo duele debe profundizar en la Torá”. Similarmente dicen nuestros sabios: “Quienquiera ahonda en la luz de la Torá, la luz de la Torá lo fortalece”. Para producir vitalidad física a partir de esta luz, debemos estar realmente en un estado de verdadera conección del alma con la Torá, la Palabra de Di-s. Así entra espontáneamente en el alma una fortaleza trascendente, que la impregna con el poder de curar el cuerpo. Aquí, el alma no experimenta Divinidad (incluso en sus niveles más sublimes) como una entidad separada, sino que más bien se fusiona en la Divinidad de la Torá (“Torá y Di-s son uno”).

Esto es análogo a la ley que dice que un cuerpo de agua impuro (enfermo) se vuelve purificado instantáneamente cuando se lo hace “besar” las aguas de una mikve pura. De la misma manera, cuando el alma toca (“besa”) la luz de di-s en la Torá, se “fusiona” en sus aguas vivientes, recibiendo suficiente fuerza de vida para sanar el cuerpo. No obstante, en lo citado arriba el termino “dolencia” implica que los órganos internos permanecen intactos a pesar de que una dolencia o una afección menor se apodere de algún órgano viable. El “problema” se debe a la influencia espiritual impura de las “cáscaras” (klipot) que atacan y luego se adhieren al cuerpo. La “luz” dela Torá ciega los ojos de las “cáscaras” y las nulifican. Sin embargo, cuando los órganos internos son deteriorados mortalmente, esta luz no es suficiente para sanarlos milagrosamente (es decir, devolverlos a su anterior estado completo de ser).

Este tipo de curación se relaciona con el cuarto nivel del alma, jaiá, “el viviente”, identificado con el origen de la sabiduría, incluso superior que la conciencia pura del intelecto descripto arriba. “Sabiduría (de la Torá) da vida a su dueño”. Jaiá reside en el “fluido aéreo” por encima del cerebro, debajo del cráneo. Esto corresponde en el servicio Divino al verdadero estado de autoanulación (relacionado con el secreto de la inmersión en una mikve pura) imbuido de un sentido de infinita serenidad.

Nivel Cinco

El quito nivel es todavía un nivel superior al anterior. A pesar de que pueda ser físicamente imposible curar a una persona enferma mortalmente, incluso con la luz Divina de la Torá, sin embargo es posible para nuestra alma “ancargarse” del cuerpo y “reemplazarlo” desempeñando todas sus funciones físicas. El cuerpo permanece mortalmente enfermo como antes (al grado en que la ley de la Torá lo define como “traif”, por morir), pero continúa vivo de alguna manera. Sobre este nivel está dicho: “Como si fuera que El Santo mora en sus entrañas”. “El Santo” en nuestras entrañas hace aparecer al cuerpo como funcionando normalmente aunque está virtualmente muerto. La santidad trascendente de “El Santo” está separado y desprendido existencialmente del cuerpo físico, por lo que el cuerpo no es afectado de ninguna manera por Su presencia habitando en su interior y “viviendo” por él.

Este nivel se relaciona con el quinto nivel del alma, el “único”, iejidá. Aquí, su “singularidad” esencial se refleja en la habilidad de funcionar independientemente (es decir por si mismo) como “otro” (es decir, el cuerpo). “el tzadik (el justo) vive en su fe”. Iejidá, el poder de la fe de los tzadikim “vive en si mismo” (en contraste con jaiá que “da vida”), aunque espontáneamente “vive” para otro (es decir, en lugar del cuerpo).

Nivel Seis

El sexto nivel de curación es aquel para el que se reserva la palabra “milagro” en su verdadero sentido. A pesar de que los niveles antes mencionados (desde el segundo en adelante) aparentan ser sobrenaturales en si, es en este nivel que el cuerpo mortalmente enfermo experimenta una milagrosa y existencial metamorfosis, y el cuerpo físico renace. Nuestro sabios enseñan que en el tiempo de la resurreción de los muertos, los cuerpos volverán a la vida desde las sepulturas exactamente en el mismo estado de ser y condición física (como también psicológica) que cuando murieron, entonces serán curados instantáneamente. El estado de este primer momento de resurrección corresponde al quinto nivel de curación explicado anteriormente.

El segundo momento de resurrección corresponde al sexto nivel. Un ejemplo de esto es el milagro de Jananiá, Mishael y Azariá relatado en el libro de Daniel. Cuando fueron arrojados al horno por orden del rey de Babilonia, el fuego no quemó sus cuerpos, a pesar de que sí lo hizo con el de los que estaban a su alrededor. El estado del cuerpo en el fuego es un ejemplo de una enfermedad terminal. Sobrevivir y emerger sin daño físico ejemplifica el poder existencial de renacer, el “Santa Sanctorum” Divino imbuyendo al alma del mártir potencial el poder de producir la metamorfosis de su cuerpo.

Este nivel corresponde a la “chispa de Di-s” dentro de iejidá del alma judía. Esta chispa deriva de la esencia de la Luz Infinita que está por encima (“precediendo”) la “contracción primordial” (tzimtzum). Desde la perspectiva de la creación, el secreto del tzimtzum excluye la posibilidad de un milagro absoluto como se describió antes, pero la “chispa de Di-s” investida dentro de cada alma judía da cabida a la manifestación de ese milagro. Este es en definitiva el secreto y el propósito de la presencia del alma judía en el mundo.

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